En el Oeste fronterizo entre Oregón y Missouri, el joven Aldo Ray es obligado a cavar su propia fosa por el temido forajido Yal Banto y un misterioso cómplice de modales refinados.
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En el Oeste fronterizo entre Oregón y Missouri, el joven Aldo Ray es obligado a cavar su propia fosa por el temido forajido Yal Banto y un misterioso cómplice de modales refinados. Una traición inesperada le salva la vida y lo enreda en una trama de suplantación, recompensas y venganza que lo llevará hasta la turbulenta ciudad minera de Weaverville.
La historia arranca con una imagen brutal: Aldo Ray, un joven jinete de veintiséis años, cava su propia tumba bajo la amenaza de dos hombres armados. Uno es Yal Banto, el bandido más buscado del Oeste; el otro, un desconocido elegante llamado Beverly, cuya frialdad resulta más inquietante que la fama sanguinaria del forajido. El plan de Banto es simple y macabro: usar el cadáver de Aldo para hacerse pasar por muerto, cobrar indirectamente su propia recompensa y desaparecer con un botín de sesenta mil dólares.
Cuando todo parece perdido, la traición cambia el rumbo del relato: Beverly dispara contra su propio compañero, dejando a Aldo Ray con vida pero convertido en el siguiente estorbo a eliminar. Un forcejeo desesperado —tierra arrojada a los ojos, un golpe de pala— permite al protagonista sobrevivir, aunque su rival escapa con los caballos, las armas y el dinero, dejando tras de sí solo el cadáver de Banto.
Lo que sigue es un viaje de resistencia física y moral: Aldo Ray carga el cuerpo del bandido durante millas hasta Weaverville, una ciudad minera bulliciosa de tabernas, jugadores y pistoleros, con la intención de cobrar la recompensa oficial. Allí, entre la burocracia recelosa del marshall Stanley Pettet, el reencuentro cálido con la corista Daisy Donald y los celos del dueño del local, Natt Helm, la trama se complica todavía más cuando aparecen antiguos hombres de la banda de Banto, dispuestos a vengar a su jefe.
El relato se tuerce hacia la tragedia cuando Daisy Donald es hallada asesinada, y Aldo Ray, señalado y encarcelado, se convierte tanto en sospechoso como en el único dispuesto a perseguir la verdad. La novela combina así la crónica de supervivencia inicial con una intriga de identidades falsas, traiciones encadenadas y una comunidad fronteriza donde la ley oficial y la justicia real rara vez coinciden.