Un adolescente sin nombre propio —apodado Fulano— repasa, con la ironía y la melancolía de quien ha sido siempre 'el mejor amigo', una serie de enamoramientos no correspondidos, usando el cine clásico como lente para entender el deseo, la…
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Un adolescente sin nombre propio —apodado Fulano— repasa, con la ironía y la melancolía de quien ha sido siempre 'el mejor amigo', una serie de enamoramientos no correspondidos, usando el cine clásico como lente para entender el deseo, la soledad y el desamor.
Celuloide es la confesión en primera persona de un joven de diecisiete años que se hace llamar Fulano, nombre que arrastra como una broma paterna y como metáfora de su lugar en el mundo: el de un espectador que rara vez es protagonista de su propia vida amorosa. Criado por un padre distante y marcado por la ausencia temprana de su madre, el narrador construye su manera de mirar el afecto a través de las películas que ha visto desde niño, citando por igual dibujos animados de su infancia y clásicos del cine negro, el western o el drama romántico. Cada episodio de su historia —una fiesta de disfraces en la que presencia cómo la chica que ama besa a otro, un encuentro fugaz e intenso con una viajera argentina en el bar de un hostal, sus reflexiones ácidas sobre los códigos sociales y las subculturas urbanas de su ciudad— se entreteje con referencias fílmicas que le sirven tanto de consuelo como de espejo distorsionado. Con un tono confesional, autoirónico y a ratos rabioso, la novela indaga en la llamada ‘zona de amistad’, en la frustración de quien ama sin ser visto, y en la forma en que el deseo adolescente se filtra siempre a través de historias contadas por otros. Más que una crónica sentimental, el relato funciona como un ajuste de cuentas del narrador consigo mismo, con las mujeres que no pudo tener y con la ciudad que lo formó, entregado con un humor negro que no disimula la herida de fondo.