Roma, otoño del 116 d. C. Cayo Messara, centurión de la guardia pretoriana, tiene una única obligación: que nada roce a la familia del emperador. La noche en que su propia esposa se desploma durante un banquete y él la escolta a casa en…
Descargar
Roma, otoño del 116 d. C. Cayo Messara, centurión de la guardia pretoriana, tiene una única obligación: que nada roce a la familia del emperador. La noche en que su propia esposa se desploma durante un banquete y él la escolta a casa en una litera imperial, esa obligación se le vuelve del revés. Al final del trayecto descubre que la muerte ha viajado dentro de la litera, silenciosa, y que ha entrado por una vía que ningún manual militar contempla. Lo que parecía un accidente se revela como un crimen medido al detalle, y para desenredarlo Messara tendrá que volver sobre un pasado que había preferido dejar cerrado.
La novela abre lejos del mármol y las antorchas del poder: en un sótano sin ventanas, donde una muchacha romana ha perdido la cuenta de los días de cautiverio y aprende a sobrevivir junto a otra prisionera, una armenia apenas mayor que ella. Allí, la crueldad no es un arrebato sino un procedimiento: llega puntual, con testigos y con instrumentos. De ese prólogo sombrío, que el lector guardará como una astilla, arranca todo lo demás.
El relato salta entonces a Roma, en octubre del 116 d. C. El centurión pretoriano Cayo Messara vigila a la Augusta Matidia durante una recepción senatorial en la que dos gladiadores se matan sobre un mosaico y los invitados discuten los movimientos de las legiones de Trajano en Oriente. Messara detesta la política y ama el oficio militar; en diciembre ascenderá a tribuno, y esa promoción es una espina para su superior directo, un hombre correcto en el mando y calculador fuera de él. Entre la multitud, Messara vigila también, con orgullo, a su mujer Antonia, embarazada de cinco meses. Cuando un murmullo recorre el fondo del atrio, la encuentra en el suelo, junto a una lucerna volcada.
La Augusta cede su propia litera para llevarla a casa, con su médico personal al lado y una escolta de pretorianos. El trayecto nocturno por las calles estrechas —perros callejeros, obras que bloquean el paso, carretas cargadas de piedra junto al teatro Marcelo— se convierte en el corazón de la novela: una secuencia tensa y física en la que cada retraso parece azar y ninguno lo es. Cuando la litera llega, Messara comprende que la enfermedad de su mujer fue solo la primera mitad de un plan, y que la segunda se ejecutó a pocos pasos de él, entre sus propios hombres.
A partir de ahí la historia se abre en varios frentes. Un arquero metódico, que estudia horarios durante días y prepara su posición como quien cumple un rito, aparece en escena para recordar que en esta Roma matar es un oficio con clientes. Los servicios secretos imperiales, dirigidos desde una bodega centenaria por un hombre irónico y paciente, empiezan a tirar de hilos que conectan agentes dobles, sacerdotes de mirada extraña, esclavos y senadores. Y Messara, arrasado por el dolor y con una investigación que oficialmente no le corresponde, se lanza a buscar respuestas por los cauces que conoce y por los que juró no volver a transitar.
«Centurión y asesino», de Ian Corey, es un thriller histórico de ritmo sostenido que usa la ambientación romana como algo más que decorado: aquí las jerarquías, las clientelas, la esclavitud y la ambición no adornan la trama, la producen. La reconstrucción es minuciosa —el equipo militar, las distancias en pies y codos, los barrios, la vida doméstica— y convive con una violencia que el autor no estiliza. En el centro queda un hombre entrenado para proteger que descubre hasta qué punto no pudo, y una pregunta incómoda: cuánto vale una vida en el corazón del Imperio, y quién fija ese precio.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.