Un recopilador chilote reúne, tras treinta años de investigación oral, los mitos, ceremonias mágicas y leyendas del archipiélago de Chiloé, abriendo con el relato fundacional de la serpiente Tentén-Vilu y su lucha contra Coicoi-Vilu,…
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Un recopilador chilote reúne, tras treinta años de investigación oral, los mitos, ceremonias mágicas y leyendas del archipiélago de Chiloé, abriendo con el relato fundacional de la serpiente Tentén-Vilu y su lucha contra Coicoi-Vilu, origen de las islas, y desplegando luego la genealogía mítica del mar: el Millalobo, la Huenchula, la Huenchur, la Pincoya, la Sirena, el Pincoy y otras figuras ligadas a la vida anfibia de sus habitantes.
El libro se presenta a sí mismo mediante un prólogo en primera persona donde el autor explica el propósito de su trabajo: durante tres décadas recogió de viva voz, en localidades como Cucao, Quellón y las islas vecinas, los relatos legendarios y mitológicos de Chiloé, no para reavivar la superstición sino para poner ese material a disposición de futuras creaciones artísticas, culturales y de divulgación. Aclara su método -ordenar y depurar sin inventar, respetando el núcleo de cada relato tal como lo escuchó- y su postura frente al debate sobre el origen foráneo o local de estos mitos, optando por no zanjar la discusión y dejarla a los especialistas. A partir de ahí organiza la obra en capítulos temáticos: primero el mito cosmogónico de Tentén-Vilu, diosa protectora de la tierra, y Coicoi-Vilu, diosa de las aguas, cuya batalla explica el hundimiento de los valles y la formación del archipiélago como hoy se conoce; después un ciclo de mitos acuáticos encabezado por el Millalobo, señor de los mares nacido de la unión entre una mujer y un lobo marino, del que se desprenden su esposa la Huenchula, la suegra hechicera Huenchur -convertida en guardiana de mareas y tempestades-, y los tres hijos del Millalobo: la Pincoya, que siembra y retira la abundancia de peces y mariscos según la dirección de su danza; la Sirena, guardiana de los peces avistada en la isla Laitec; y el Pincoy, administrador de los dominios paternos y amante de la música. Se suman relatos menores como la piedra dorada de la Curamilla, las ánimas dolientes de Cucao que aguardan al barquero de los muertos, y el delfín mensajero Cahuelche, enlace entre el mundo humano y los poderes del mar. A lo largo de estos relatos el autor entreteje comparaciones con mitologías clásicas y de otras culturas -Poseidón, Deméter, Isis, las leyendas del Nilo- para situar la tradición chilota en un marco universal, sin renunciar a subrayar su carácter propio, nacido del paisaje, el clima y la vida marinera del archipiélago.
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