Novela cubana que reconstruye, a través de un narrador que rescata unos manuscritos casi perdidos, la vida de Chiquita, una mujer liliputiense nacida en Matanzas en 1869 que llegó a convertirse en una artista célebre en Estados Unidos.
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Novela cubana que reconstruye, a través de un narrador que rescata unos manuscritos casi perdidos, la vida de Chiquita, una mujer liliputiense nacida en Matanzas en 1869 que llegó a convertirse en una artista célebre en Estados Unidos. Combina el relato biográfico con los recuerdos orales de quien fue su dactilógrafo, tejiendo humor, superstición y una mirada entrañable sobre la diferencia.
La novela se presenta como el rescate de una biografía extraviada. Un escritor cubano encuentra, en La Habana de los años noventa, unas cajas de papeles apolillados que contienen la historia de Chiquita, una artista liliputiense casi olvidada en su propio país pese a la fama que alcanzó fuera de él. El dueño de esos papeles, un anciano llamado Cándido Olazábal, había sido durante años el dactilógrafo de Chiquita y guarda en la memoria los capítulos que el tiempo y un ciclón hicieron desaparecer. Antes de morir, ayuda al narrador a reconstruir esos fragmentos perdidos, y años después, ya en el exilio, ese material se convierte en el libro que el lector tiene delante: no una invención literaria, sino la transcripción fiel —con notas aclaratorias— de una vida que se cuenta a sí misma.
A partir de ahí, la obra retrocede hasta Matanzas, 1869, donde nace Espiridiona Cenda del Castillo, la niña que el mundo terminará conociendo como Chiquita. Su llegada, en plena guerra de independencia cubana, desconcierta a una familia acomodada que no sabe cómo nombrar ni cómo asumir su tamaño diminuto: pruebas médicas, remedios caseros, rituales de santería y hasta la leche de una camella se ensayan sin éxito para intentar que crezca. Entre la ternura excesiva de unos padres avergonzados y la curiosidad de una sociedad que no encuentra dónde colocarla, Chiquita crece con una inteligencia y un carácter que pronto se revelan tan fuera de lo común como su cuerpo.
Contada en un tono oral, cargado de anécdotas, ironía y detalles de época, la novela entrelaza el registro íntimo de una infancia marcada por la diferencia con el retrato de una época convulsa —guerra, esclavitud, superstición, visitas de la realeza extranjera— y anticipa el destino singular de una mujer decidida a no dejarse definir por lo que otros consideraban una anomalía. El resultado es, a la vez, una crónica familiar, un fresco histórico del Caribe del siglo XIX y el retrato de una figura real que se resistió, con astucia y tesón, a ser reducida a una curiosidad de feria.