Publicado en 2016 desde Caracas, «Chistes de ayer y de hoy» reúne el repertorio oral que Miguel Osers fue acumulando a lo largo de los años: adivinanzas, juegos de palabras, historias de borrachos, consultas médicas absurdas, sketches de…
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Publicado en 2016 desde Caracas, «Chistes de ayer y de hoy» reúne el repertorio oral que Miguel Osers fue acumulando a lo largo de los años: adivinanzas, juegos de palabras, historias de borrachos, consultas médicas absurdas, sketches de «sube el telón» y sátira política, ordenados por temas. El autor lo plantea abiertamente como una válvula de escape frente a la inseguridad, la escasez y la tensión económica del país, y propone leerlo en voz alta, sin prisa, como quien cuenta un chiste a una mesa de amigos.
Miguel Osers abre este libro con una idea sencilla y explícita: los pueblos que atraviesan guerras, dictaduras, hambrunas o crisis económicas suelen fabricarse una válvula de escape, y la suya —dice— es la risa. Escrito desde Caracas y publicado en 2016, el volumen nace de un diagnóstico concreto del ánimo colectivo: el miedo a salir a la calle, el desgaste del día a día, la escasez, la ansiedad por el dinero. Frente a eso, el autor no ofrece análisis ni consuelo, sino una recopilación de chistes.
El material está ordenado en secciones temáticas que funcionan como un índice del humor popular hispanoamericano. Una primera tanda de preguntas y respuestas cultiva el acertijo tramposo y el remate seco. Le sigue un bloque de animales donde reaparecen las cadenas clásicas de chistes de elefantes, encajados en neveras y Volkswagen con una lógica acumulativa que se sostiene sola. Vienen después los borrachos y sus razonamientos imposibles; el consultorio médico, con su desfile de diagnósticos, facturas y equívocos; los sketches de «sube el telón, baja el telón», construidos enteramente sobre el retruécano; un cajón de sastre costumbrista; la sátira de presidentes, ministros y discursos; la economía doméstica llevada al absurdo; los juegos de inversión silábica del «no es lo mismo»; y finalmente Jaimito, el niño que pregunta lo que nadie quiere responder.
El título encierra la broma que organiza el conjunto. Osers cita a un comediante según el cual contar chistes exige dos cosas: buena memoria y la esperanza de que los demás no la tengan. Los que el lector ya conoce son los chistes de ayer; los que no, los de hoy. Así, el libro se declara adaptable a cualquiera y se blinda de antemano contra el reproche de la repetición. La misma ironía recorre la introducción, que termina interpelando por separado a quien compró el libro, a quien lo hojea en una librería y a quien lo pidió prestado.
Más que un texto para leer en silencio, es un manual de uso oral: el autor pide leer despacio, imaginar un público, imitar tonos y acentos. El registro es abiertamente popular y sin filtro, con jerga venezolana, vulgaridad frecuente y bromas de sexo, raza, nacionalidad y política que responden a la tradición del chiste de sobremesa y hoy resultan, en buena parte, incorrectas y ofensivas. Leído con esa advertencia, el conjunto vale menos como comedia contemporánea que como registro de un humor de época: el archivo de lo que se contaba, en voz alta y sin permiso, en una Venezuela en crisis.
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