Francia, septiembre de 1933. Mark Harries, un paisajista inglés acostumbrado a coleccionar aventuras sin consecuencias, viaja de París a la Riviera para diseñar el jardín de un château recién comprado.
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Francia, septiembre de 1933. Mark Harries, un paisajista inglés acostumbrado a coleccionar aventuras sin consecuencias, viaja de París a la Riviera para diseñar el jardín de un château recién comprado. El encargo, sin embargo, es apenas el pretexto: su cliente, un millonario que ha hecho del mirar su única forma de deseo, ha reunido a quince invitados escogidos uno a uno para un fin de semana en el que nada ocurre por casualidad. «Citas furtivas» —traducción de «The Wild Party», de Meyrick Johnson— es una novela erótica de ambientación entreguerras que combina la comedia de costumbres, la intriga de negocios y una sensualidad sin eufemismos. Obra para lectores adultos.
Un hotel modesto del Barrio Latino, una edición vespertina de París Soir con noticias de vuelos récord y accidentes de carretera, y una camarera portuguesa que corre las cortinas antes de las nueve: así arranca «Citas furtivas», en el París de septiembre de 1933. Mark Harries, diseñador de jardines ornamentales, acaba de cerrar el mejor contrato de su carrera y celebra a solas su buena fortuna cuando Encarnita Morales entra a prepararle la cama. Del intercambio de cortesías —el trabajo, los hijos, el marido guardabarreras en la gare St. Lazare— nace un encuentro que la novela narra con detalle y sin pudor, y que sirve de obertura a todo lo que vendrá después.
El cliente de Mark es Raymond Large, un inglés muy rico instalado en un hôtel particulier de la avenue Kléber. Cortés, práctico y extrañamente esquivo en lo personal, Large no se abre hasta que el notario se marcha con los documentos firmados. Entonces conduce a su invitado por la escalera de servicio hasta un desván cerrado con llave, forrado de libros y revistas, donde un antiguo espejo rescatado de un célebre burdel parisino separa dos sillones de cuero de un dormitorio iluminado. La teoría que Large defiende con entusiasmo casi febril —que la vista es el más veraz de los sentidos, que ver es creer— resulta ser la coartada intelectual de una obsesión: es a través de otros, y solo así, como este hombre alcanza el placer.
Al sur, en las colinas del interior de Niza, el château de Courmettes-les-Rochers espera con sus viñedos venidos a menos. La finca perdió su denominación de origen bajo una sucesión de propietarios ausentes, y Large, reacio a comprometer su fortuna tan poco después de la Gran Depresión, ha ideado un atajo: una fiesta de fin de semana, justo antes de la vendimia, destinada a seducir a un posible inversor. La encargada de que todo salga bien es Séverine Rouffach, gerente de la viña, alsaciana, criada entre cepas y elegida además como maestra de ceremonias del encuentro. A ella le corresponde repartir habitaciones, coordinar la llegada de un barco a Golfe Juan y velar por que la discreción se mantenga: nada de lugareños, nada de rumores en el pueblo.
La novela avanza presentando a sus figuras una a una —Mark, Raymond, Séverine, el patrón que llega de Antibes con «mercancía» y compañía— hasta reunirlas bajo el mismo techo. En ese cruce entre el cálculo financiero y el apetito privado está su verdadero motor: los invitados han sido seleccionados, los entretenimientos anunciados a medias, y la vieja máxima de no mezclar los negocios con el placer se repite en voz alta justo cuando ambos se han vuelto indistinguibles.
Escrita con un pulso ligero, atenta al detalle de época —el Delaunay-Belleville en el patio empedrado, los geranios en macetas de piedra, la torre templaria desde la que se adivina Córcega en los días claros— y con escenas eróticas explícitas y prolongadas, «Citas furtivas» pertenece a la tradición de la novela de placer con decorado cosmopolita. Su interés no está en el enigma sino en la coreografía: quién mira, quién es mirado, quién cree estar organizando la función y quién, en realidad, forma parte del espectáculo. Publicada en castellano por Plaza & Janés en enero de 1997, es una obra destinada a un público adulto.