Un recetario práctico de cocina lenta que reúne cincuenta preparaciones organizadas por momento del día —desayunos, almuerzos, cenas, platos vegetarianos y postres— con la premisa de que la olla de cocción lenta permite dedicar menos…
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Un recetario práctico de cocina lenta que reúne cincuenta preparaciones organizadas por momento del día —desayunos, almuerzos, cenas, platos vegetarianos y postres— con la premisa de que la olla de cocción lenta permite dedicar menos tiempo a cocinar y más a disfrutar. Cada receta indica tiempos de preparación y cocción, número de porciones y nivel de esfuerzo, y se resuelve casi siempre con un gesto mínimo: reunir los ingredientes, elegir potencia baja o alta y dejar que el calor lento haga el resto.
Esta obra parte de una idea sencilla: la olla de cocción lenta cambió la manera en que cocinan las personas ocupadas, porque permite colocar los ingredientes, cerrar la tapa y recuperar horas del día. Sobre esa premisa, la autora arma un recetario doméstico pensado para familias, con preparaciones que buscan ser saludables, económicas en esfuerzo y suficientemente flexibles como para dejarlas más tiempo en la olla si se quiere ganar sabor y textura.
El libro se ordena en cinco bloques que siguen el ritmo natural de la semana. Los desayunos exploran avenas de larga cocción —manzana con pasas sultanas, arándanos, chocolate y naranja—, quinua con coco y plátano, tortillas de estilo inglés y español, panes de plátano y de nuez con café, y huevos al horno de inspiración marroquí o ranchera. Los almuerzos se inclinan hacia sopas y platos de cuchara: caldo de pollo con fideos, sopa de pescado con abadejo ahumado y salmón, sopa de zanahoria con lentejas y cilantro, junto a preparaciones más contundentes como chile de cerdo ahumado, jamón glaseado con mostaza y miel, paella de pollo y chorizo, estofado con cebada perlada o curry indonesio.
Las cenas amplían el registro internacional con biryani de cordero, tagine de pollo y albaricoque, estofado de ternera con cerveza negra, cerdo desmenuzado a la barbacoa, carne china de cinco especias, risotto de setas silvestres, boloñesa reforzada con bacon y chorizo, gumbo cajún y tazas de lechuga con cerdo al jengibre. El capítulo vegetariano ocupa un espacio propio y no accesorio: risotto de calabaza con queso azul, chile de batata y frijol negro, curries de coliflor y verde tailandés, macarrones con col rizada, quinua mexicana, dahl de lentejas, pilaf de calabacín y coco, pasta mediterránea y tofu con salsa picante de maní. El cierre corresponde a los postres, donde la olla funciona como horno paciente: melocotones al vino dulce, crumble de manzana, ruibarbo con crema y merengue, manzanas rellenas de avena y miel, peras al oporto, arroz con leche y fresas, fondue de chocolate, brownies de mantequilla de maní, pastel de coco y piña al ron.
El tono es utilitario y directo. Las instrucciones se reducen a pocos pasos —a menudo un salteado previo de cinco a ocho minutos y luego varias horas de cocción sin intervención—, las cantidades se expresan en medidas caseras y las sugerencias de servicio son igual de escuetas: pan crujiente, arroz basmati, cuscús, puré de papas o helado. Publicada originalmente en 2020 y traducida al español por Gladys Minaya dentro del catálogo de Babelcube, la obra funciona menos como tratado culinario que como manual de repertorio: un catálogo de fórmulas repetibles para quien quiere cocinar a diario sin permanecer frente a la cocina.
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