Escrito como un diario personal que arranca en marzo de 2009, este libro sigue a un médico mexicano que, entre Ginebra, Washington y la Ciudad de México, entrelaza sus reflexiones sobre una reunión internacional de salud con un recorrido…
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Escrito como un diario personal que arranca en marzo de 2009, este libro sigue a un médico mexicano que, entre Ginebra, Washington y la Ciudad de México, entrelaza sus reflexiones sobre una reunión internacional de salud con un recorrido erudito por la historia de las epidemias y el uso de la enfermedad como arma. A medida que las entradas avanzan hacia abril, los casos aislados que el narrador registra en Veracruz y California van adquiriendo un peso creciente, y el relato personal se convierte en testigo del inicio de un brote que todavía no tiene nombre.
El libro adopta la forma de un diario que comienza el 24 de marzo de 2009 en Ginebra, donde el narrador —un médico que asiste a una exposición sobre el arte de la muerte medieval— empieza a hilar una obsesión: la historia de las pandemias como sombra constante de la civilización. De ahí el relato salta a un vuelo transatlántico, a una reunión de la Organización Panamericana de la Salud en Washington y finalmente a la Ciudad de México, mientras cada entrada combina la crónica de lo vivido con largos pasajes de divulgación histórica y médica.
A lo largo de las páginas, el autor repasa la peste negra, la viruela en la conquista de América, la fiebre tifoidea de la Atenas de Pericles y la gripe de 1918, además de un recuento minucioso del uso bélico de enfermedades a lo largo de los siglos, desde los escitas hasta las guerras mundiales. Intercala estas referencias con explicaciones sobre la naturaleza biológica de los virus, sus mecanismos de contagio y los debates médicos y éticos que rodean vacunas, cuarentenas y organismos sanitarios internacionales. Conversaciones con colegas virólogos, entrevistas de radio y cenas de trabajo sirven de contrapunto a la erudición, dando al texto un tono a la vez íntimo y ensayístico.
Hacia el final del fragmento, el diario cambia de registro: noticias que en un inicio parecían intrascendentes —una niña febril en el Valle Imperial, un niño enfermo en San Diego, un caso infantil en un pueblo veracruzano— empiezan a repetirse y a inquietar al narrador, que percibe, sin poder aún confirmarlo, el arranque de un episodio epidémico real. El libro se sostiene en esa tensión entre el conocimiento acumulado sobre plagas pasadas y la incertidumbre ante los primeros signos de una amenaza contemporánea, construyendo un relato híbrido entre memoria personal, historia de la medicina y crónica de un presente que empieza a desbordar la rutina clínica del autor.