Un relato en primera persona sobre el descubrimiento y la pasión por los insectos comestibles, narrado por un miembro de la familia Petràs, comerciantes del Mercat de la Boqueria de Barcelona.
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Un relato en primera persona sobre el descubrimiento y la pasión por los insectos comestibles, narrado por un miembro de la familia Petràs, comerciantes del Mercat de la Boqueria de Barcelona. Desde una tarántula asada en la selva peruana hasta una plaga de langostas en el desierto de Mauritania, el autor recorre México, Tailandia, Japón, Colombia, Estados Unidos y China en busca de los mejores insectos comestibles, explicando su valor nutricional, su papel cultural en distintas sociedades y su potencial como alternativa sostenible frente a la producción cárnica convencional.
El libro arranca con una anécdota fundacional: en el verano de 1998, durante un viaje que se transforma en una colaboración humanitaria con una tribu del Amazonas peruano, el autor y su amigo de viaje se ven obligados a probar una tarántula asada como muestra de agradecimiento. Ese episodio, tan cómico como revelador, marca el inicio de una fascinación que cinco años después se traduce en la apertura de una tienda de insectos comestibles en el Mercat de la Boqueria de Barcelona, dentro de la tradición familiar de los Petràs, vendedores de mercado desde generaciones atrás dedicados primero a las setas y después también a los insectos.
A partir de ahí, la narración se despliega como un itinerario personal y gastronómico por el mundo. En Mauritania, una plaga de langostas durante los entrenamientos del autor para el rally París-Dakar se convierte en el verdadero punto de inflexión emocional hacia los insectos como alimento. En México, guiado por amigos locales, se sumerge en una tradición que se remonta a la época prehispánica y descubre chapulines, gusanos de maguey, escamoles, hormigas chicatanas y el jumil, entre muchas otras variedades, comprendiendo que el rechazo occidental a los insectos es, sobre todo, una cuestión cultural y de hábito. Tailandia aparece como el gran paraíso entomófago, con mercados como el de Klong Toey y restaurantes que integran los insectos en la alta cocina. Japón ofrece una mirada distinta, con el inago y el hachinoko como ejemplos de un consumo más discreto pero profundamente arraigado, junto con curiosidades como el festival de avisperos de Gifu. Colombia aporta el relato casi legendario de las hormigas culonas de Santander, mientras que Estados Unidos ilustra la rápida normalización comercial y gastronómica de los insectos en ciudades como Nueva York y Los Ángeles, y China cierra el recorrido con su tradición del escorpión.
Entrelazado con estas experiencias personales, el texto incorpora reflexiones sobre la entomofagia como práctica extendida en buena parte del planeta, datos sobre su eficiencia productiva y su menor impacto ambiental frente a la ganadería convencional, y el proceso legislativo europeo que, con la aprobación del Reglamento sobre Nuevos Alimentos, abrió la puerta a la comercialización de insectos en el continente. El resultado es a la vez una memoria de viajes, un homenaje a la tradición comercial familiar y un alegato razonado a favor de incorporar los insectos a la dieta occidental.