Tras descubrir la infidelidad de su pareja, la periodista Carla Ruiz deja Madrid para instalarse en Portohermoso, un pueblo costero donde debe escribir una guía turística.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Tras descubrir la infidelidad de su pareja, la periodista Carla Ruiz deja Madrid para instalarse en Portohermoso, un pueblo costero donde debe escribir una guía turística. Entre el duelo por la ruptura y el extrañamiento de una vida nueva, encuentra en sus caseros, en el mar y en el encuentro casual con una enigmática pintora francesa retirada los primeros indicios de una reconstrucción posible.
Carla Ruiz llega a Portohermoso una madrugada de febrero, con las maletas cargadas de ropa y de una herida reciente: la infidelidad de Manuel, su pareja, la ha dejado convertida en «una sombra lastimera» de sí misma, incapaz de comer o de dormir sin que la persigan pesadillas. La revista Miradas, donde trabaja gracias a la confianza de su editora y amiga Adela, le ha encargado una miniguía turística sobre el pueblo, entregada en ocho capítulos que irán desde la historia del lugar hasta sus playas, su comercio o sus personajes ilustres. El encargo es, en el fondo, una huida organizada: un modo de poner distancia, kilómetros y trabajo entre ella y el desamor.
En su nueva casa de alquiler la reciben Carmen y Antonio Picassent, un matrimonio de ancianos entrañables y algo entrometidos que le abren, sin saberlo, la puerta a la vida cotidiana del pueblo. Mientras deshace el equipaje y esquiva las llamadas insistentes de su madre —y los mensajes de un Manuel que no se resigna—, Carla intenta llenar el vacío con la rutina: dibujar en la playa, pasear, empezar a mirar Portohermoso con los ojos de quien tiene que escribir sobre él aunque no sienta nada.
En uno de esos paseos por la orilla conoce a Catherine Lampier, una pintora francesa de edad avanzada, antigua figura del arte de posguerra retirada desde hace décadas en una gran casa junto al mar, siempre acompañada de Elsa, la mujer que trabaja para ella. La curiosidad mutua entre ambas —la joven que ya no sabe qué llevar dentro para plasmarlo en el papel y la artista que dejó de pintar sin explicaciones— siembra el inicio de una relación que promete convertirse en algo más que una anécdota de vecindad: una invitación a tomar café y «robar» libros de una biblioteca de tres mil ejemplares abre la puerta a lo desconocido justo cuando Carla empezaba a resignarse a la soledad.
A través de recuerdos que se filtran entre capítulo y capítulo —la entrevista de trabajo que la llevó al periodismo, el descubrimiento de la traición de Manuel, las noches en vela llenas de imágenes hirientes— la novela construye el retrato de una mujer en transición: la que llegó rota a un pueblo desconocido y empieza, sin buscarlo del todo, a encontrar en el paisaje, en la gente y en un vínculo inesperado con una mujer mayor y misteriosa, los primeros indicios de que el dolor, aunque no se cure, puede aprender a convivir con la vida.