Una mujer despierta atada y a oscuras en un sótano helado, sin saber quién la ha llevado allí. A pocos kilómetros, un hombre discreto y meticuloso llega a su oficina inmobiliaria silbando, saluda a sus compañeras y presume de un buen mes…
Descargar
Una mujer despierta atada y a oscuras en un sótano helado, sin saber quién la ha llevado allí. A pocos kilómetros, un hombre discreto y meticuloso llega a su oficina inmobiliaria silbando, saluda a sus compañeras y presume de un buen mes de ventas. «Como las manos de un niño», de Daniel Argila, alterna esas dos voces —la de la cautiva y la de su captor— mientras el sargento Alex Doras, de la Unidad de Investigación de los Mossos d'Esquadra de Badalona, abre la denuncia por la desaparición de Ana Abrera y empieza a sospechar que no es la primera.
Todo empieza con el frío. Antes que el miedo, antes incluso que la certeza de estar atada, la narradora reconoce el aire gélido de un lugar que no es el suyo: una mesa de madera, unas correas tensas en muñecas y tobillos, una venda sobre los ojos y una mordaza que convierte el grito en un sonido sordo. A partir de ahí, su mundo se reduce a lo que oyen sus oídos y a lo que huele su piel. Unos neumáticos sobre la gravilla. Una puerta de coche. Unos pasos sobre el techo, una canción silbada, el trajín de una cocina. Y después, muy cerca, un perfume dulzón y unas manos que la recorren sin brusquedad, con una delicadeza que resulta más inquietante que cualquier violencia.
En paralelo, la novela sigue a un hombre al que nunca vemos nombrado y que, sin embargo, conocemos por dentro: vendedor de una inmobiliaria, obsesivo con el orden, atento a la limpieza del paisaje y a la raya de sus camisas, cordial con la recepcionista a la que en realidad desprecia y humillado por la compañera que le arrebata cada mes el primer puesto del ranking de ventas. Daniel Argila construye ese punto de vista con una frialdad calculada: el lector asiste a la rutina laboral, a las bromas del pub, al resentimiento acumulado, y al mismo tiempo entiende que todo ello es la antesala de un ritual privado que el hombre ha diseñado paso a paso y que se permite saborear con calma en el sótano de su casa.
La tercera línea del relato es la investigación policial. Cuando los señores Abrera acuden a comisaría porque su hija Ana, de 28 años, no ha aparecido el viernes por la noche ni ha vuelto a dar señales, el sargento Alex Doras reconoce enseguida el perfil de una desaparición real: una joven metódica, con trabajo estable y costumbres fijas, que nunca dejaría de avisar. Junto al caporal Ricardo Sánchez reconstruye el trayecto exacto —el tren desde Barcelona, el autobús que sube por Canyet, los pocos minutos a pie entre la parada, la explanada de la iglesia y la casa de sus padres— y recupera el expediente de Marta Bordas, otra chica joven desaparecida cuatro años atrás sin dejar rastro. Nada permite todavía unir ambos casos, pero la coincidencia pesa.
El título da la clave del libro. Esas manos suaves, «sin defectos ni rugosidades, como las de un niño», son a la vez el gesto que consuela y el que aterra, y en esa ambigüedad se juega buena parte de la tensión: la víctima llega a preguntarse si podrá razonar con quien la retiene, si la ausencia de daño inmediato es una tregua o solo una etapa del plan. Argila alterna la primera persona de la cautiva —sensorial, encerrada, medida en sonidos y en horas sin agua— con la tercera persona de un depredador que se cree amante y con el pulso procedimental de una investigación que avanza a base de horarios de autobús, vecinos interrogados y viejos informes.
Ambientada con precisión en Badalona y su periferia —la playa, el paseo de Mare Nostrum, la urbanización boscosa de Canyet, el restaurante de la carretera—, «Como las manos de un niño» es una novela negra de atmósfera opresiva y ritmo sostenido, atenta al detalle cotidiano y a la banalidad con que la violencia puede convivir con una vida perfectamente normal. Se trata de una lectura dura, con escenas de cautiverio y agresión sexual, dirigida a un público adulto y a quienes buscan un thriller psicológico donde el suspense nace menos de lo que se muestra que de lo que se anticipa.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.