En las vísceras del Metro de Madrid germina una obsesión. Un investigador de aspecto frágil pero de actos impulsivos cruza la ciudad mientras buscaba olvidar a Yi Xi, una mujer de ojos verdes que despierta su imaginación.
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En las vísceras del Metro de Madrid germina una obsesión. Un investigador de aspecto frágil pero de actos impulsivos cruza la ciudad mientras buscaba olvidar a Yi Xi, una mujer de ojos verdes que despierta su imaginación. Un acto de violencia casual en el vagón, una persecución que lo sumerge en las alcantarillas de la capital, y un viaje que va dibujando las contradicciones de un hombre que intenta ligar con la vida, con la justicia y con una ciudad que no lo entiende.
Madrid respira en sus calles, en sus bares de tapas, en los pasillos del Metro donde desconocidos comparten espacios íntimos sin desearlo. Un viajero sube al vagón pensando en Yi Xi, una mujer china cuyo nombre en pictogramas lo hipnotiza. Su obsesión es geográfica: el amor y el odio se miden por la distancia. Cuando irrumpe el caos en el vagón—un hombre cebollero acosando a una joven universitaria de ojos verdes—sucede algo: una reacción instintiva, un disparo que cambia todo.
Lo que sucede después es una persecución a través de la ciudad. El personaje huye hacia el Santa Elena, un bar de estudiante donde la realidad se disuelve en cervezas tiradas con precisión. Allí, rodeado de máquinas tragaperras y de gente que no sabe que acaba de matar, ordena tapas finas mientras procesa la irrealidad de lo ocurrido. Es en ese momento cuando ella aparece: la misma chica que intentó proteger lo confronta con una verdad incómoda. Ha matado para ligar. Ha cometido un crimen que nadie pidió. Ella lo insulta, se va, y lo denuncia a la policía.
La huida lo lleva hacia dimensiones desconocidas de Madrid. Atraviesa la ciudad siendo perseguido, cambia de ropa, se disfraza con cambios mínimos que funcionan. Termina llamando a Diana, su amiga más inteligente: una operaria del servicio de alcantarillado del Ayuntamiento que prefiere la libertad intelectual al doctorado. A través de sus reinos subterráneos, junto a ratas que pueden estar cocainómanas y colectores desbordados de mierda, el personaje busca salvación en lo más profundo de la capital.
La novela entreteje reflexiones sobre territorialidad humana, sobre el espacio íntimo que guardamos celosamente, sobre cómo los depredadores adoptan formas distintas. Es noir urbano con tintes de sátira madrileña, donde la obsesión amorosa se cruza con la violencia casual y la imposibilidad de seducir. Habla de un Madrid profundo que existe en las alcantarillas tanto como en sus cafeterías de barrio.