Kitty Collins tiene millones de seguidores, un ático en Chelsea y una vida que parece impecable en las fotos. También tiene un acosador anónimo que le desea la muerte y, desde una noche de copas que termina mal en la orilla del Támesis, un…
Descargar
Kitty Collins tiene millones de seguidores, un ático en Chelsea y una vida que parece impecable en las fotos. También tiene un acosador anónimo que le desea la muerte y, desde una noche de copas que termina mal en la orilla del Támesis, un secreto que no aparecerá jamás en su feed. Esta novela combina sátira mordaz del mundo influencer con thriller de vengadora: una protagonista encantadora, narcisista y profundamente dañada que descubre que hay algo dentro de ella que llevaba mucho tiempo dormido.
En la superficie, la vida de Kitty Collins es exactamente lo que promete su Instagram: brunch en Chelsea, biquinis de La Perla en Marbella, hoteles gratis a cambio de un par de stories, un ático con vistas al Embankment pagado con la fortuna familiar de una empresa de productos cárnicos ultraprocesados. Bajo esa superficie hay otra cosa: un desprecio afilado hacia el negocio que la sostiene, una incapacidad casi física para comer delante de otros, un padre desaparecido del que no puede hablar, una madre que compró su ausencia con un regalo inmobiliario, y una rabia que Kitty describe con la precisión de quien lleva años midiéndola en una escala de colores.
La novela arranca por el final, o cerca de él: un prólogo en un dormitorio de Belgravia donde la narradora, sentada a horcajadas sobre un hombre esposado, explica con calma técnica lo mucho que cuesta matar a alguien y lo bonita que le parece la paleta cromática de la muerte. Luego retrocede a un desayuno interrumpido por dos adolescentes que le piden un selfi y le recuerdan, sin querer, que ella misma ha ayudado a construir la maquinaria que las devora. Cuando un acosador reaparece en sus comentarios con fantasías de degüello, sus amigas —Tor, Maisie, Hen, todas contadas por número de seguidores— deciden que la respuesta correcta es una noche de chicas y unas fotos provocativas.
Esa noche, un hombre que le ha pagado unas copas decide que le corresponde algo a cambio. La sigue por la calle, le tira una botella, la acorrala contra el muro del río. Kitty se defiende; él cae sobre el cristal roto; ella se aparta para que la sangre no le manche los zapatos y sigue caminando. A la mañana siguiente lee que la Policía Metropolitana no busca a nadie. Busca a la novia del muerto en redes, ve a la hija de dos años, y siente algo que no es culpa: alivio, casi orgullo. Un accidente se convierte así en un descubrimiento, y el descubrimiento en un método.
A partir de ahí, Katy Brent construye un thriller que avanza en capítulos cortos y en primera persona, con una narradora tan divertida como poco fiable, que juzga a los demás con la misma crueldad con la que se juzga a sí misma. La sátira del ecosistema influencer —los tés detox, los filtros, la dopamina de los likes, el sexismo cotidiano de los amigos guapos— funciona como envoltorio de una pregunta más incómoda: qué le pasa a una mujer que ha caminado toda su vida con las llaves entre los dedos cuando deja de tener miedo. Los epígrafes de Jane Eyre y Mujercitas, y la dedicatoria del libro, señalan el linaje que la autora reclama: no la venganza como fantasía, sino la ira femenina como herencia literaria.
Con setenta y un capítulos, un prólogo y un epílogo, la novela mantiene dos tensiones simultáneas: hasta dónde llegará Kitty, y qué le ocurrió realmente a su padre, una figura adorada cuya desaparición planea sobre cada recuerdo feliz de la infancia. También insinúa que Kitty no está actuando sola —hay un «ella» que aprueba sus métodos— y que la fama, ese escaparate que la expone al peligro, es a la vez su mejor coartada. Una lectura rápida, negrísima y deliberadamente incorrecta sobre monstruos, escaparates y el precio de sobrevivir con estilo.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.