Un catálogo insólito de las maneras en que la naturaleza puede acabar con un ser humano, escrito con humor negro y rigor divulgativo. Frente a la muerte estadística y sedentaria de las sociedades modernas —infartos, tabaco, tráfico—, este…
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Un catálogo insólito de las maneras en que la naturaleza puede acabar con un ser humano, escrito con humor negro y rigor divulgativo. Frente a la muerte estadística y sedentaria de las sociedades modernas —infartos, tabaco, tráfico—, este libro propone un inventario de cien finales al aire libre: serpientes coral, cobras escupidoras, búfalos, leopardos, avalanchas, anguilas eléctricas o plantas de apariencia comestible. Cada entrada explica la criatura, el mecanismo del daño y, sobre todo, cómo evitarlo.
El libro parte de una constatación incómoda: morir es fácil y, en los países desarrollados, además aburrido. Basta con comer mal, no moverse, fumar y esperar. A partir de esa ironía inicial —respaldada por listas de causas de muerte y cifras oficiales— el autor propone un giro: si la naturaleza es el lugar al que en realidad pertenecemos, también es el escenario donde el desenlace puede resultar, cuando menos, interesante.
Sobre esa premisa se despliega un centenar de capítulos breves, ordenados como fichas de campo con títulos deliberadamente teatrales: acorralado por la serpiente coral, agarrado por un gorila, agredido por un rinoceronte, apaleado por una cobra, aplastado por un búfalo, asaltado por un leopardo, arrollado por una avalancha. Cada entrada abre con una cita clásica sobre la muerte —Séneca, Epicuro, Molière, Mark Twain, Bernard Shaw— y continúa con una explicación clara de la especie o el fenómeno: clasificación, distribución geográfica, tamaño, hábitos, mecanismo de defensa o ataque.
La parte central de cada capítulo es una descripción precisa, minuto a minuto, de lo que ocurre en el cuerpo humano: el veneno neurotóxico que va apagando el habla y la respiración, la descarga de seiscientos voltios que detiene un corazón, la mordedura que necesita masticar para atravesar la piel, la herida que no cicatriza, el virus que viaja por los nervios hasta el cerebro. El detalle clínico nunca es gratuito: sirve para desmontar mitos —esquivar a un rinoceronte en el último segundo, el gorila sanguinario, la ballena asesina como devoradora de hombres— y para subrayar cuán raros son en realidad estos desenlaces.
Porque el propósito declarado es el contrario al que sugiere el tono. El autor insiste en que vivir merece la pena y en que casi todos estos peligros se evitan con conocimiento, prudencia y respeto: no tocar lo que no se puede soltar, distinguir el orden de las bandas de color, reconocer una ladera con historial de aludes, no dar la espalda a ciertos animales. Manual de historia natural, guía de seguridad y ejercicio de humor negro a partes iguales, el resultado es un libro que entretiene mientras enseña a no acabar en ninguna de sus páginas.
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