Compilación clásica sobre la tensión entre las reglas que fundan el poder y la voluntad popular que lo ejerce. Reúne ensayos de Jon Elster, Rune Slagstad, Stephen Holmes, Adam Przeworski, Bruce Ackerman, Jennifer Nedelsky y Cass Sunstein,…
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Compilación clásica sobre la tensión entre las reglas que fundan el poder y la voluntad popular que lo ejerce. Reúne ensayos de Jon Elster, Rune Slagstad, Stephen Holmes, Adam Przeworski, Bruce Ackerman, Jennifer Nedelsky y Cass Sunstein, precedidos por un estudio introductorio de Alejandro Herrera que sitúa el debate para lectores hispanohablantes. Una lectura de referencia sobre democracia, límites constitucionales y diseño institucional.
¿Puede una constitución atar las manos de un pueblo soberano sin traicionar la democracia que dice proteger? Sobre esa pregunta se organiza este volumen editado por Jon Elster y Rune Slagstad, publicado originalmente en inglés en 1988 y traducido al español para la serie Nuevas Lecturas de Política y Gobierno.
El punto de partida es una paradoja: las constituciones crean el poder y al mismo tiempo lo limitan, sustraen ciertas decisiones del alcance de las mayorías y comprometen a generaciones que nunca las votaron. Los ensayos recorren esa tensión desde ángulos que no siempre coinciden entre sí. Stephen Holmes examina las “reglas mordaza”, esas exclusiones deliberadas de temas incendiarios que permiten a una democracia seguir funcionando, y sostiene que el constitucionalismo es esencialmente antidemocrático en su función de precompromiso, contrastando a Jefferson, Paine y Smith sobre el derecho de los vivos a rehacer sus instituciones. Adam Przeworski lee la democracia como resultado contingente de conflictos, gobernada por una incertidumbre que es electoral pero no institucional. Elster vuelve a Tocqueville para rastrear las consecuencias de la elección constitucional sobre libertad e igualdad. Slagstad reconstruye la crítica de Carl Schmitt y Max Weber al Rechtsstaat liberal, la burocracia como dominación y el conflicto que nunca abandona el cuerpo social. Bruce Ackerman desmitifica El Federalista y propone una lectura del federalismo como salida al problema de la legitimidad revolucionaria. Jennifer Nedelsky rastrea la propiedad privada como frontera entre lo público y lo gubernamental. Cass Sunstein cierra advirtiendo que, leída en clave pluralista, la democracia se vuelve difícil de reconciliar con el constitucionalismo.
El estudio introductorio de Alejandro Herrera M. ordena estas voces alrededor de los valores del liberalismo —propiedad, libertad, consentimiento— y del peso singular de la experiencia estadounidense en el debate, sin perder de vista lo que el argumento dice a las democracias en construcción.