En una mansión frente al mar, Diana Manríquez descubre a los veinte años que casi nada de lo que sabe sobre su origen es cierto. Su amor por Carlos, el hijo de la sirvienta que la crió, choca con la voluntad de su padre, con un compromiso…
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En una mansión frente al mar, Diana Manríquez descubre a los veinte años que casi nada de lo que sabe sobre su origen es cierto. Su amor por Carlos, el hijo de la sirvienta que la crió, choca con la voluntad de su padre, con un compromiso pactado desde la infancia y con un secreto que un solo hombre tiene motivos para guardar. Cuando el río se desborda y arrasa la hacienda, la verdad queda enterrada bajo el lodo… hasta que alguien regresa a desenterrarla. Novela romántica con contenido sexual explícito, dirigida a público adulto.
Villa Paraíso es una casa grande junto a la playa: palmeras, rosales cuidados, pasillos largos y una puerta de cedro que Diana Manríquez nunca ha podido cruzar. Detrás de esa puerta estuvo encerrada la mujer a la que llamó madre y de la que no conserva una sola fotografía. A los veinte años, en la noche en que su padre ofrece una cena en honor de su tío recién llegado del extranjero, Diana empieza a hacerse la pregunta que nadie en la casa quiere oír: de dónde viene realmente.
La respuesta llega envuelta en otra cosa. Carlos, hijo de María —la sirvienta que la ha criado como propia durante veinticinco años—, ha dejado de ser el compañero de juegos de la infancia, y Diana lo descubre demasiado tarde para poder evitarlo. Lo que empieza como una complicidad de niños se convierte en un amor que el señor de la casa, Don Ronald Manríquez, considera una afrenta de clase. Frente a él coloca a Luis David Villamizar, un hombre atractivo y de buena familia, prometido a Diana desde antes de que ella supiera hablar. Y cuando la persuasión no basta, Ronald recurre a una frase que separa a los amantes como un tajo: que son hermanos.
Entonces llega la tempestad, literal y anunciada. El mar se embravece, el río se desborda de noche y arrastra plantaciones, casas y vidas. Diana sale de allí en una camioneta, a salvo y deshecha, dejando atrás a su padre, a su tío y a Carlos. Seis meses después despierta en un hospital sin recordar quién es. Alrededor de esa amnesia se reorganiza la casa entera: María la cuida en silencio, Luis David ocupa el lugar del prometido y luego del amante, y Ronald respira aliviado porque la crecida se llevó consigo a los testigos de su vida anterior.
Pero la mansión no vuelve a ser lo que era. La fortuna familiar está agotada, un testamento impone condiciones que Ronald no puede aceptar sin confesar lo que hizo, y un benefactor anónimo se ofrece a pagar las deudas. Su representante se instala en la casa con una comitiva, cambia las costumbres, ordena las cuentas y convierte a padre e hija en huéspedes de su propio hogar. Mientras Ronald se hunde en el alcohol y en los recuerdos de una noche en la cocina que decidió el destino de tres personas, Diana empieza a recuperar imágenes sueltas: un columpio, un día de sol, y sobre todo un joven que se despide y le pide que se cuide.
Lo que sigue es un ajuste de cuentas entre lo que se contó y lo que ocurrió: una adopción que nunca se explicó del todo, un abogado que se niega a ceder, una madre que calló por miedo, un muerto que regresa por la puerta principal. La novela se mueve entre la casa señorial y la orilla del mar, y usa la tormenta como lo que fue para todos sus personajes: el momento en que las cosas que se sostenían por costumbre dejaron de sostenerse.
Contigo en la tempestad, de Lorena Cervantes, es un melodrama romántico contemporáneo de tono clásico —diferencias de clase, herencias condicionadas, hijos no reconocidos, matrimonios pactados— narrado en capítulos breves y de lectura rápida. Incluye escenas sexuales explícitas y tratamiento de temas duros, entre ellos una agresión sexual en el pasado de uno de los personajes, la enfermedad mental y el alcoholismo. Recomendada para lectores adultos.