Una llamada urgente lleva a Alexandra Jensen a la Torre Durr creyendo que va a rescatar a su primo de un mal paso, y termina descubriendo que el problema tiene cifra exacta: cien mil dólares sustraídos del fondo de retiro de los empleados.
Descargar
Una llamada urgente lleva a Alexandra Jensen a la Torre Durr creyendo que va a rescatar a su primo de un mal paso, y termina descubriendo que el problema tiene cifra exacta: cien mil dólares sustraídos del fondo de retiro de los empleados. El dueño de la empresa, Andreas Durr, no quiere el dinero: quiere una esposa por un año, porque un testamento condiciona el control del negocio familiar a que se case antes de cumplir los treinta y cinco. Alexandra acepta el trato, pero lo devuelve corregido: sus propias cláusulas, su independencia intacta y el doble de la cifra ofrecida. Lo que ninguno de los dos calcula en el contrato es la atracción que se instala entre ellos desde el primer cruce de miradas.
Alexandra Jensen dirige una pequeña agencia de publicidad que empieza a abrirse camino, y ha construido esa estabilidad sola, criada por unos tíos a los que quiere como a padres. Por eso, cuando su primo John la llama desesperado y ella cancela la tarde entera para cruzar la ciudad hasta la Torre Durr, la escena que encuentra —guardias, un abogado, un expediente— le confirma que llegó tarde a algo que no tiene arreglo fácil. John robó cien mil dólares de los fondos de retiro de la empresa para pagar deudas de juego, y la alternativa a la cárcel es devolver el dinero en una semana. Alexandra no lo tiene.
Quien sí lo tiene es Andreas Durr, el hombre de ojos grises que la ha estado observando desde el otro extremo del despacho y que, para entonces, ya sabe de ella mucho más de lo que ella imagina. Su oferta no es caridad ni chantaje disfrazado de generosidad: es una operación. El testamento de su padre entrega la dirección de la compañía familiar al hijo mayor solo si se casa antes de los treinta y cinco años, y él está a semanas de esa fecha. Si no lo hace, las acciones pasan a un primo dispuesto a vender la empresa por partes. Andreas necesita una esposa con fecha de vencimiento; Alexandra necesita que su tío, enfermo del corazón, nunca se entere de lo que hizo su hijo.
La novela arranca ahí, en la aritmética fría de un acuerdo, y su verdadero pulso empieza cuando Alexandra decide no firmar en las condiciones ajenas. Un año de matrimonio solo de nombre, sin renunciar a su empresa ni a su familia, sin cama compartida y sin hijos —y dos millones, no uno. Andreas acepta todo sin pestañear, y esa facilidad es la primera señal de que él no está pensando en el contrato, sino en los trescientos sesenta y cinco días que vienen después.
Lo que sigue es una historia de resistencia mutua contada con humor y con temperatura. Una cena italiana que ella juraba no querer, un chef que rompe el hielo, una pista de salsa donde ambos descubren que se entienden mejor sin hablar, presentaciones familiares cronometradas para que la noticia llegue a los oídos correctos. Alexandra alterna la furia con la lucidez y se apoya en Gil, su asistente y amiga de toda la vida, para no perder pie. Andreas, acostumbrado a que nadie le diga que no, se encuentra por primera vez calculando mal.
Griselle Domenech Encarnación escribe un romance contemporáneo de matrimonio por conveniencia con los ingredientes reconocibles del género —el millonario implacable, la heroína que no se deja comprar, la cláusula imposible de cumplir— y los mueve con ritmo ágil, diálogo abundante y una protagonista que negocia de igual a igual. La pregunta que sostiene la lectura no es si el contrato se firmará, sino cuál de sus cláusulas será la primera en romperse.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.