Unas vacaciones italianas pensadas para olvidar cambian de rumbo cuando una médica británica de urgencias auxilia en la playa a un niño herido y descubre que el padre del pequeño dirige el hospital de la zona.
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Unas vacaciones italianas pensadas para olvidar cambian de rumbo cuando una médica británica de urgencias auxilia en la playa a un niño herido y descubre que el padre del pequeño dirige el hospital de la zona.
Melissa Swift ha llegado a la costa italiana con un mes por delante y un objetivo poco definido: descansar, conocer por fin la región de la que provenía su abuela y no pensar en el derrumbe personal que ha marcado los últimos meses de su vida. Los primeros días transcurren entre el aburrimiento y una inquietud que ni la novela que trae ni el mar consiguen aplacar; a su alrededor, familias enteras, parejas de recién casados y grupos de jóvenes le recuerdan continuamente que es la única persona que está sola en esa playa.
La rutina se rompe con un grito. Un niño de casi cinco años ha caído de espaldas sobre unas rocas y permanece inconsciente. Con el hospital saturado y la ambulancia retenida por otro accidente, Lissa —médica especializada en urgencias— asume el mando con lo único que tiene a mano: su formación, su italiano heredado de la abuela y la buena voluntad de los bañistas. Improvisa una camilla rígida con una tabla de surf, inmoviliza la columna del pequeño con toallas y cinturones y consigue que lo trasladen a un hospital regional desbordado por una intoxicación alimentaria masiva.
Allí conoce a Matteo Aldarini, el médico agotado que aparece tras la cortina del cubículo y descubre que el niño de la camilla es su hijo, Taddeo. Entre la exigencia del trabajo y el miedo de padre, Matteo le pide a Lissa que acompañe al pequeño a radiología. Ese gesto prolonga un encuentro que ninguno de los dos esperaba: una conversación en el coche sobre nonnas y pueblos de origen, un apretón de manos que se demora más de lo necesario, una invitación a cenar que Lissa se empeña en interpretar como pura gratitud.
Dos días después, la familia que cuida de Taddeo la reconoce en la playa y la acoge como a una heroína, con juegos, comida compartida e historias en las que el nombre de Matteo aparece una y otra vez. Entre baños, carreras hasta la boya y castillos de arena, Lissa comprueba que su defensa —no implicarse, no bajar la guardia, marcharse a tiempo— se sostiene cada vez peor frente a un hombre que combina la firmeza del médico con una ternura desarmante hacia su hijo.
‘El efecto italiano’ es una novela romántica de ambiente médico que juega con dos temporalidades incompatibles: la de unas vacaciones con fecha de caducidad y la de un vínculo que se construye en urgencias, en pasillos de pediatría y en la orilla del mar. Josie Metcalfe combina el pulso del trabajo hospitalario —la regla de la primera hora, el triaje improvisado, la escasez de recursos de un centro pequeño en temporada alta— con el retrato íntimo de una mujer que aprendió a desconfiar y de un padre viudo que arrastra su propio silencio. Publicada originalmente en inglés y recuperada en la colección Corazones perdidos, es una historia sobre la posibilidad de empezar de nuevo justo cuando uno había decidido no volver a intentarlo.