París, mayo de 1610. El rey Enrique IV despierta aterrado tras una pesadilla que revive una siniestra profecía: su muerte ocurrirá entre el 13 y el 14 de mayo, bajo el puñal de un asesino.
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París, mayo de 1610. El rey Enrique IV despierta aterrado tras una pesadilla que revive una siniestra profecía: su muerte ocurrirá entre el 13 y el 14 de mayo, bajo el puñal de un asesino. Turbado por vaticinios astrológicos que lo acechan, el monarca escéptico lucha contra el miedo que lo consume, apenas cinco días antes de partir hacia Châlons para encabezar sus tropas. Una novela de misterio histórico que teje destino, poder y la fragilidad inevitable de la mortalidad.
En los primeros días de mayo de 1610, la corte de París vive bajo la tensión de un monarca atormentado. El rey Enrique IV, quien durante veinticinco años ha consolidado su dinastía y traído estabilidad a Francia, se encuentra perseguido por pesadillas y vaticinios que anuncian su muerte próxima. Una noche, un sueño lo transporta a una iglesia oscura donde una figura encapuchada y mutable —que se transforma entre anciana, niña y estatua clásica— le susurra una profecía devastadora: morirá entre el 13 y el 14 de mayo, bajo el puñal de un asesino.
El rey despierta en pánico. Aunque ha vivido una existencia de constante peligro, sobreviviendo a conspiraciones y más de veinte intentos de asesinato, esta premonición lo atormenta de manera distinta. Las palabras no son nuevas: meses atrás, en la casa del financiero florentino Zamet, un astrólogo llamado Thomassin le hizo idéntica profecía mientras observaba una partida de dados. Entonces Enrique IV había reído, cubriendo su angustia con hilaridad.
Ahora, apenas cinco días antes de partir hacia Châlons para comandar sus tropas, el monarca se debate entre la razón y el terror. Es un hombre acostumbrado a burlar el destino mediante ingenio y astucia, pero algo en estas premoniciones ha tocado su alma, revelando la fragilidad oculta bajo su coraza de poder. Mientras la Corte ignora su inquietud, Enrique IV permanece atrapado entre la incredulidad racional y el miedo a lo inexplicable.