Veinticuatro horas antes de su boda en un hotel de Mallorca, Diana descubre que puede volverse invisible cuando el miedo o el deseo la desbordan. Abogada de actores, treinta y dos años y una mochila sentimental que no ha cerrado, aprovecha…
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Veinticuatro horas antes de su boda en un hotel de Mallorca, Diana descubre que puede volverse invisible cuando el miedo o el deseo la desbordan. Abogada de actores, treinta y dos años y una mochila sentimental que no ha cerrado, aprovecha ese poder involuntario para escuchar lo que nadie diría delante de ella: sobre sus amigas, sobre su ex, sobre el hombre con el que está a punto de casarse. Una comedia narrada en primera persona, con humor rápido y un fondo de revisión personal.
Diana tiene treinta y dos años, fue actriz sin demasiado talento y ahora dirige una agencia que asesora legalmente a intérpretes. Sabe de cine más de lo que le conviene y habla de su propia vida como si estuviera montando el tráiler. El viernes 1 de julio aterriza en Palma para casarse al día siguiente en el Hotel Formentor, el lugar donde pasaba los veranos de niña y donde siempre imaginó una boda de comedia romántica. Lo que la espera se parece más a un enredo de puertas y espejos.
El detonante llega en el baño de un bar, mientras sus amigas Sandra, Leticia y Covadonga preparan una despedida sin diademas ni disfraces. Diana ve por la ventana a Miguel, su último ex, aparcando con la seguridad insultante que siempre tuvo, y comprende que aún siente algo. Le da vergüenza sentirlo, y todavía más darse cuenta de que le da vergüenza. Desea desaparecer en voz alta, se desmaya y despierta sin verse las manos: invisible de cuerpo, aunque no de ropa, sin capacidad de atravesar paredes y sin manual de instrucciones. El poder va y viene, se activa con el deseo o con el miedo, y nunca cuando le resultaría útil.
A partir de ahí, la víspera se convierte en una sucesión de escondites, mentiras improvisadas y vasos de zumo de tomate derramados a propósito. Está Macarena, la mujer por la que Miguel la dejó, insoportablemente amable y dispuesta a hacer las paces. Está Sandra, que le habla con una franqueza que duele y consuela a la vez: si no quieres casarte, no te cases. Está Leticia, la única que la cree sin pedir pruebas. Y está Fernando, el novio, esperando en el hotel, a una hora de curvas de montaña y de una decisión que Diana todavía no ha tomado.
La invisibilidad funciona aquí como una lupa incómoda. Lo que Diana escucha estando ausente reordena amistades que creía firmes, revisa un duelo amoroso que daba por superado y la obliga a mirar de frente su autoestima en las semanas previas a la boda. El relato está escrito como un diario redactado a posteriori, cuando la ceremonia acaba de terminar y los invitados aún no salen del asombro por algo que la narradora se guarda hasta el final.
Manuel Martínez Velasco construye una voz de una cercanía casi conversacional: digresiones que van de las Páginas Amarillas de la abuela a los mensajes SMS, referencias constantes al cine y a los cómics, chistes que la propia narradora se autocalifica y párrafos donde el tono cambia sin aviso hacia la reflexión sobre la amistad, el perdón y la costumbre de culpar a terceros. Comedia con suspense, fantasía doméstica y diario emocional en el mismo volumen, sostenidos por una pregunta muy concreta: qué haría cualquiera con el privilegio de estar presente sin ser visto, justo el día en que más necesita decidir quién es.
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