Emarvi es un hombre que carga con el trauma del suicidio de su padre en Culiacán, ahora reconstruye su vida en la ciudad de México trabajando como editor en una oficina gubernamental.
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Emarvi es un hombre que carga con el trauma del suicidio de su padre en Culiacán, ahora reconstruye su vida en la ciudad de México trabajando como editor en una oficina gubernamental. Reciente ruptura con Claire, la custodia de su hijo Adrián y la muerte de su hermana Arinde tejen una cotidianidad marcada por la soledad y la desconfianza. Entre los pasillos de su edificio conoce a nuevos personajes que despiertan en él una angustia que no logra resolver.
En las calles de la ciudad de México, Emarvi arrastra una existencia marcada por cicatrices que no cicatrizan. Años atrás, en Culiacán, presenció el suicidio de su padre cuando apenas era un adolescente descubriendo a Dostoievski en aquella casa del bulevar Madero. Ese acto violento dejó una herida que se niega a cerrarse, una interrogante imposible sobre qué significa ser hijo de alguien, qué secretos explican la existencia.
Ahora vive en un departamento del cuarto piso de un edificio anodino, trabajando como editor en una oficina gubernamental donde se aburre mortalmente. Su vida cotidiana es una sucesión de rituales melancólicos: el trabajo que lo asfixia, la crianza de su hijo Adrián, los encuentros casuales con vecinos desconocidos. La ruptura con Claire en enero dejó una herida adicional; esa muchacha trigueña y ojos verdeazules que lo deslumbró con su juventud se fue abandonándolo, y ahora su ausencia es un tumor que crece en silencio.
La muerte reciente de su hermana Arinde añade otro peso al lastre que Emarvi arrastra. En los pasillos del edificio conoce a una joven en silla de ruedas y a su compañera, una mujer fuerte de ojos violentos. Esos encuentros despiertan en Emarvi una compulsión a proyectar sus propias angustias sobre los otros, a buscar en rostros extraños la redención que no encuentra en sí mismo.
La ciudad de México lo sofoca. Es un lugar donde la soledad es tan densa como el aire contaminado, donde la identidad se disuelve en el ruido de los autos y la indiferencia de los transeúntes. Emarvi fantasea con su destrucción como único consuelo posible. Entre tanto, debe lidiar con el presente: el trabajo que lo asfixia, un hijo que demanda atención, la fobia a la cercanía humana, y el peso insoportable de un pasado que se niega a quedarse enterrado.
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