Una investigación profunda sobre cómo las religiones patriarcales destruyeron el culto a las divinidades femeninas que rigieron civilizaciones antiguas durante miles de años.
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Una investigación profunda sobre cómo las religiones patriarcales destruyeron el culto a las divinidades femeninas que rigieron civilizaciones antiguas durante miles de años. El libro de Merlin Stone revela los orígenes históricos de la subordinación de las mujeres al rastrear la supresión sistemática de la Gran Diosa y sus templos, demostrando que el mito de Adán y Eva fue construido como herramienta de control para justificar el dominio masculino en la sociedad contemporánea.
Cuando Dios era mujer constituye un estudio magistral sobre los cimientos religiosos de la desigualdad de género. Merlin Stone reconstruye cómo durante miles de años civilizaciones antiguas veneraron a una Creadora suprema —la Gran Diosa, la Ancestra Divina— como principio generador de la vida, la sabiduría y la civilización. Desde el Paleolítico Superior hasta bien entrada la era cristiana, diosas solares, guerreras, de la sanación y del conocimiento fueron adoradas como símbolos de poder y autoridad en sociedades que comprendían lo divino a través de lo femenino.
La emergencia de religiones patriarcales —judaísmo, cristianismo e islam— marcó un punto de inflexión histórico. Stone documenta la persecución sistemática de estos cultos milenarios, la destrucción deliberada de templos y símbolos, y la reescritura de mitos antiguos para subordinar lo femenino a lo masculino. La Gran Diosa no desapareció naturalmente: fue víctima de represión consciente y prolongada.
El mito de Adán y Eva no es un relato accidental. Es una construcción ideológica diseñada para justificar teológicamente el dominio masculino. Al situar a la mujer como responsable de la caída de la humanidad, las religiones del Libro establecieron una narrativa que perduraría siglos, infiltrándose en cada aspecto de la civilización occidental. Este relato fundamentó que la subordinación de las mujeres no era construcción social, sino mandato divino.
El libro rescata las voces de esas diosas antiguas y con ellas, la dignidad de las mujeres. No es nostalgia por matriarcados idealizados, sino análisis riguroso que demuestra que las mujeres fueron sacerdotisas, guerreras, sanadoras, sabias. En el contexto de movimientos feministas globales, la obra adquiere renovada relevancia como imperativo político y existencial.
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