Un recorrido divulgativo por las aportaciones de figuras judías a la ciencia, las letras, las artes y la industria contemporáneas, tomado como punto de partida el encuentro real entre Albert Einstein y Franz Kafka en la Praga de 1911.
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Un recorrido divulgativo por las aportaciones de figuras judías a la ciencia, las letras, las artes y la industria contemporáneas, tomado como punto de partida el encuentro real entre Albert Einstein y Franz Kafka en la Praga de 1911.
En marzo de 1911, Albert Einstein llegó a Praga para ocupar la cátedra de Física Teórica en la Universidad Carolina. Allí, en las tertulias del café Louvre que animaba el matrimonio Fanta, se cruzó con un joven abogado checo que escribía relatos en alemán: Franz Kafka. De aquel encuentro apenas documentado —ninguno dejó constancia escrita del otro— parte Diego Moldes para construir un libro que usa dos apellidos icónicos como puertas de entrada a un territorio mucho más amplio: la huella de ciudadanos judíos en la configuración del mundo moderno.
El autor no propone una historia del judaísmo como religión ni del pueblo judío como sujeto histórico —para eso remite a la bibliografía especializada—, sino un inventario razonado y transversal que recorre la literatura, la física, el arte, el cómic, la arquitectura, la industria editorial, el deporte, el cine, la televisión, la música, la moda, la cosmética y la tecnología digital. Lo hace con una honestidad de método poco frecuente: se declara no judío, no especialista, y describe su propio trabajo como el esqueleto de un ensayo mayor, una recopilación ordenada de datos al estilo perequiano concebida menos como conclusión que como brújula y punto de partida para investigaciones futuras.
El libro se sostiene sobre una tesis explícitamente antirracista. Frente a las lecturas genéticas o étnicas, Moldes atribuye el peso intelectual de esta tradición a un factor educativo y cultural: una formación hermenéutica más que memorística, un hábito milenario de leer, comentar e interpretar textos que se transmite incluso en familias laicas o agnósticas. El prólogo de Esther Bendahan Cohen refuerza ese marco al recuperar la idea del pacto de judeidad propuesta por Abraham Bengio —la pertenencia como acto de voluntad, no como determinismo— y al recordar que la identidad judía es “una pertenencia sin pasaporte”, etérea y variable, cuya materia fundacional se compone de Biblia, exilios y persecuciones.
Hay también una veta personal que singulariza el ensayo. Nacido un 27 de enero, fecha en que Naciones Unidas conmemora a las víctimas del Holocausto, el autor rastrea los puntos de contacto entre dos identidades diaspóricas: la judía y la gallega. Apoyado en el trabajo de José Ramón Ónega sobre los judíos en el Reino de Galicia y en la investigación medievalista de María Gloria de Antonio Rubio, dedica páginas a las juderías gallegas, al caso concreto de Pontevedra —su ciudad— y a las convergencias y divergencias entre dos pueblos habituados a partir sin dejar de pertenecer.
Atravesándolo todo late una finalidad declarada: combatir la judeofobia, término que el autor prefiere al impreciso “antisemitismo”. El libro examina cómo el odio ha sobrevivido a la Shoah reciclándose en discursos contemporáneos, cómo las teorías conspirativas siguen operando contra toda evidencia, y cómo cientos de figuras públicas judías han tenido que anglosajonizar o adaptar sus apellidos: prueba palpable, sostiene, de una discriminación que no ha cesado. La invitación final es a leer sin sospecha, desde la curiosidad y el deseo de saber, la historia de un pueblo que forma parte esencial —una más— de la cultura europea.