Crónica de un corresponsal de prensa que analiza las anomalías económicas de Venezuela durante el boom petrolero bajo el gobierno de Hugo Chávez. Desde la especulación con divisas hasta el endeudamiento desenfrenado de consumidores, el…
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Crónica de un corresponsal de prensa que analiza las anomalías económicas de Venezuela durante el boom petrolero bajo el gobierno de Hugo Chávez. Desde la especulación con divisas hasta el endeudamiento desenfrenado de consumidores, el autor examina cómo la riqueza petrolera generó comportamientos económicos irracionales que distorsionaron por completo la realidad financiera del país.
En junio de 2004, un corresponsal del Wall Street Journal llega a Caracas para cubrir la economía venezolana en tiempos de Hugo Chávez. Desde el primer momento descubre un mundo financiero radicalmente distorsionado, donde la riqueza petrolera ha generado las más extrañas anomalías económicas.
El control estricto de cambios hace que los dólares sean imposibles de obtener legalmente. Los venezolanos recurren al mercado negro, transfiriendo dinero a desconocidos en operaciones que nadie cuestiona. Los expatriados se ven obligados a contrabandear divisas o realizar transacciones turbias simplemente para vivir con dignidad.
Las anomalías económicas son desconcertantes. Los automóviles usados retienen su valor o incluso se revalorizan, funcionando como inversión más segura que los bancos. La gasolina cuesta menos de un dólar por tanque lleno. El alquiler, pagado en bolívares cada vez más débiles, se abarata progresivamente. Los bancos otorgan créditos a adolescentes para cirugías plásticas de cumpleaños. En barrios pobres, familias sin ahorros invierten en costosas antenas de televisión por satélite.
Durante cinco años, el autor presencia cómo la riqueza petrolera ha pervertido completamente la lógica económica. Los venezolanos gastan sin mesura, se endeudan alegremente, consumen desenfrenadamente, nunca ahorran. Los empresarios importan productos antes que fabricarlos. Los políticos dilapidan recursos en armamento mientras abandonan la producción petrolera. Chávez nacionaliza empresas que se transforman en «corporaciones zombis»: operan, emplean trabajadores, parecen vivas, pero generan enormes pérdidas y solo subsisten por subsidios estatales.
El libro revela cómo una nación con las mayores reservas petroleras del mundo ha fracasado sistemáticamente en administrar su riqueza. No es cuestión de ideología, sino de patología económica profunda: generaciones de venezolanos han aprendido que ahorrar significa perder, que el dinero es efímero, que mañana desaparecerá. Mientras suben los precios del crudo, Venezuela celebra una orgía de consumo; cuando caen, queda desprotegida sin nada que mostrar.
Esta es una crónica de cómo la volátil riqueza petrolera distorsiona comportamientos, prioridades políticas y decisiones económicas de una sociedad entera, convirtiéndola en lo que su autor denomina la economía más loca del mundo.
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