En 1906, el descubrimiento del cuerpo del doctor Mauricio Santos Padrón en el puerto de una ciudad de provincias perturba los preparativos para la visita del Rey Alfonso XIII.
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En 1906, el descubrimiento del cuerpo del doctor Mauricio Santos Padrón en el puerto de una ciudad de provincias perturba los preparativos para la visita del Rey Alfonso XIII. Dionisio O'Daly, periodista irlandés y rival ajedrecístico del difunto, es testigo de la tragedia. Sin embargo, O'Daly guarda un secreto oscuro: él ha cometido el crimen, impulsado por celos arrebatadores y una rivalidad que va más allá del tablero.
En marzo de 1906, el descubrimiento del cadáver del doctor Mauricio Santos Padrón flotando en el muelle de una pequeña ciudad costera genera consternación. El cuerpo, destrozado por los peces, evidencia un acuchillamiento brutal. Este crimen emerge en el momento más inauspicioso: justo cuando la ciudad se prepara para recibir la visita del rey Alfonso XIII, un evento de trascendencia capital para una comunidad que permanece aislada desde hace siglos.
El alcalde Federico Abreu Brito, un hombre escuálido pero de carácter templado, se ve obligado a gestionar una crisis que amenaza con arruinar los meticulosos preparativos reales. En una ciudad donde la violencia ha sido rara, surge la interrogante de si la visita del monarca se concretará con un asesino suelto.
Dionisio O’Daly, periodista irlandés descendiente de un rebelde que desafió al poder un siglo atrás, observa los sucesos como cronista. Su pluma se pone al servicio del periódico republicano Germinal, en contraste con los escritos conservadores del doctor Santos Padrón. Sus enfrentamientos públicos se han prolongado durante meses, alimentados por una rivalidad que va más allá de lo intelectual.
El verdadero terreno de batalla entre ambos ha sido el ajedrez. En las tertulias del Club Náutico, donde converge la élite acaudalada, sus partidas se han convertido en enfrentamientos legendarios: el juego intuitivo, arriesgado y brillante de O’Daly enfrenta el estilo metódico, sólido y perfecto del doctor. Tras casi un año de combate, con setenta y dos partidas disputadas, se prepara el match decisivo.
La verdadera motivación detrás de la decisión de O’Daly no es la rivalidad ajedrecística. Es el fuego de los celos, encendido esa misma tarde. En el baile de máscaras del club, entre vapores de alcohol y música de orquesta, O’Daly bebe para entorpecer su conciencia, sabiendo qué debe hacer esa noche: matar al doctor Santos Padrón. Lo que comenzó como disputa intelectual en las columnas de los periódicos ha degenerado en tragedia personal.
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