Cuentos románticos reúne quince relatos de Justo Sierra, escritos entre 1868 y 1873 cuando el autor rondaba los veinte años. Cada cuento dedicado a amigos de su juventud, vivos o fallecidos.
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Cuentos románticos reúne quince relatos de Justo Sierra, escritos entre 1868 y 1873 cuando el autor rondaba los veinte años. Cada cuento dedicado a amigos de su juventud, vivos o fallecidos. La obra compone un mosaico de historias líricas que oscilan entre el romanticismo deliberado y una prosa sofisticada, donde se entrelazan paisajes marinos de Campeche, leyendas bíblicas, episodios históricos y confesiones psicológicas. Sierra construye narrativas de voces alternadas y estructuras complejas, anticipando recursos modernistas en una prosa audaz, indomable y luminosa.
Cuentos románticos de Justo Sierra constituye una colección de quince relatos publicada en París-México en 1896. Redactados entre 1868 y 1873, cuando Sierra tenía entre veinte y veinticinco años, estos cuentos nacen de su participación en las Veladas Literarias de Ignacio Manuel Altamirano. Su prosa extraordinaria se caracteriza por una sofisticación narrativa que anticipa recursos modernistas décadas antes de Darío. Cada cuento está dedicado a amigos de la juventud, con especial reverencia hacia los fallecidos.
La colección se organiza temáticamente: relatos de carácter marino (Marina, La sirena, Playera) donde vibran los ecos del mar de Campeche; novelas psicológicas (Un cuento cruel, Confesiones de un pianista, La novela de un colegial); leyendas bíblicas (En Jerusalén, Memorias de un fariseo, El velo del templo); cuadros históricos (César Nerón, María Antonieta); e imaginaciones orientalistas y medievales.
Lo singular reside en su artificio estructural donde los relatos se transmiten de una voz a otra en planos distintos de enunciación. Algunos funcionan como poemas en prosa. La estructura es circular o retrógrada, con cortantes temporales que operan como claves narrativas. Sierra demuestra conciencia plena de la distancia entre oralidad vulgar y artistismo literario. En Playera, por ejemplo, juega con múltiples niveles de narración: escucha el relato a los diez años pero lo reescribe décadas después, intercalando voces de jóvenes que confiesan historias donde nombres verdaderos ceden ante símbolos románticos.
El lenguaje de Sierra se distingue por riqueza de imágenes con lujos descriptivos desconocidos, frases de nervioso resorte y digresiones de encanto. Aunque ocasionalmente revela apresuramiento, como observó Alfonso Reyes, siempre pensó despacio. Así, estos Cuentos románticos representan un documento capital de la prosa mexicana decimonónica: donde la audacia retórica intenta trascender lo verosímil, donde la ironía feroz y la metafísica esotérica del simbolismo germinan en terreno romántico, y donde la belleza del idioma se mantiene indomable y luminosa.
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