Una noche cualquiera, un físico revisa los datos que le envía un satélite de observación cósmica y encuentra algo que repite cuatro veces, a mano y por ordenador, sin conseguir que cambie: un agujero negro errante avanza hacia el Sistema…
Descargar
Una noche cualquiera, un físico revisa los datos que le envía un satélite de observación cósmica y encuentra algo que repite cuatro veces, a mano y por ordenador, sin conseguir que cambie: un agujero negro errante avanza hacia el Sistema Solar y llegará en menos de dos meses. No hay maniobra de desvío, no hay refugio, no hay nave capaz de escapar. DARK, de Ernesto Diéguez Casal, sigue el trayecto de esa certeza desde un despacho sin ventanas hasta la mesa donde un puñado de personas debe decidir qué hacer con ella.
Mark Wilson trabaja de noche porque es el único momento en que el mundo lo deja en paz. Su matrimonio se ha ido enfriando a fuerza de llamadas breves y promesas incumplidas, y su carrera depende de un artículo que aún no ha terminado. Entonces llega un paquete de datos rutinario desde el satélite MSK-332, y algo en esas cifras no encaja. Reorienta el aparato, pide mediciones más finas, deja que los programas de cálculo limpien el ruido. Cuando los resultados vuelven idénticos por cuarta vez, comprende que no se trata de un error de instrumento: un agujero negro errante, un objeto sin órbita fija que vaga a gran velocidad, ha cruzado su trayectoria con la del Sistema Solar. Wilson redacta un informe preliminar, lo envía a media docena de colegas capaces de comprobarlo y toma, a continuación, una decisión propia.
Entre los destinatarios está Charles Finn, físico de prestigio y mano derecha de la dirección de la NASA. Su primer impulso es borrar el mensaje; el segundo, rehacer los cálculos él mismo. Los repite número a número, verifica los registros del satélite en la red interna, ordena una revisión completa de los sistemas de medición. Todo resiste el escrutinio. A partir de ahí, la novela deja de ser un problema de física para convertirse en un problema humano: la información asciende por la cadena de mando hasta una reunión con el Presidente, altos cargos militares y responsables de las agencias, donde Finn debe explicar en lenguaje llano por qué esta vez no existen las salidas de siempre. No se puede desviar. No se puede destruir. No se puede sobrevivir al impacto, porque no hay impacto que resistir, sino una absorción que se llevará el Sol, los planetas y todo lo que contienen.
Del otro lado del anuncio quedan quienes no saben nada. Dana descubre la ausencia de su marido antes que su muerte, y su muerte antes que el motivo; tiene que encontrar las palabras para explicarle a su hija algo que ella misma acaba de recibir por teléfono. Y en un despacho discreto de la Casa Blanca, lejos del Despacho Oval, el presidente Chalmers se enfrenta a la única decisión que aún está en su mano: si la humanidad debe conocer su plazo. Comunicarlo significaría el desplome inmediato de la civilización —los saqueos, los hospitales vacíos, las centrales sin nadie que las vigile—; callarlo significaría dejar que millones de personas gasten sus últimas semanas en oficinas y turnos de noche, ignorantes de lo que se acerca.
Diéguez Casal escribe una historia de catástrofe que renuncia deliberadamente al rescate de última hora. En su breve prólogo, el autor sitúa el relato frente a una tradición —de La guerra de los mundos a Soy leyenda— en la que casi siempre queda un resquicio de esperanza, y explica que aquí no lo habrá: le interesa la plausibilidad del escenario y, sobre todo, lo que ocurre cuando desaparece la posibilidad de actuar. Lo que queda entonces es una serie de retratos íntimos —el científico que no soporta saber, el funcionario que verifica hasta el último decimal, la viuda que grita a un contestador, el gobernante que garabatea espirales en un folio— y una idea insistente: que el final, al llegar sin excepciones, iguala a todos. Un relato de ciencia ficción de corte realista sobre la muerte anunciada de una especie y sobre las distintas maneras de esperarla.