Un relato histórico que reconstruye el momento en que la cirugía occidental dejó atrás el dolor y la barbarie para adentrarse en la era de la ciencia moderna, siguiendo la trayectoria de un joven cirujano que se propuso derrotar a la…
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Un relato histórico que reconstruye el momento en que la cirugía occidental dejó atrás el dolor y la barbarie para adentrarse en la era de la ciencia moderna, siguiendo la trayectoria de un joven cirujano que se propuso derrotar a la infección.
A mediados del siglo XIX, operar era una apuesta casi siempre perdida: las salas de cirugía eran escenarios de sufrimiento público, con cirujanos veloces pero sin nociones de higiene, pacientes despiertos y aterrados, y tasas de mortalidad hospitalaria muy superiores a las de cualquier tratamiento en casa. El libro parte de una tarde de diciembre de 1846 en un hospital londinense, cuando el uso del éter como anestésico general demuestra por primera vez, ante una multitud de espectadores, que el dolor quirúrgico puede eliminarse. Ese hito, sin embargo, resuelve solo uno de los dos grandes obstáculos de la cirugía: queda por vencer la infección, causa de la mayoría de las muertes postoperatorias en una época en que el pus todavía se consideraba parte natural de la curación. A partir de ahí, la narración sigue la formación y la vocación de un joven observador presente aquel día, criado en una familia cuáquera dedicada a la óptica y a la ciencia, cuya curiosidad temprana por el mundo microscópico y cuya educación poco convencional lo empujarán a cuestionar las prácticas médicas de su tiempo. Combinando anécdotas de cirujanos legendarios, episodios de charlatanería médica, avances técnicos y el ambiente social y moral del Londres victoriano, la obra traza el camino que llevará de una medicina basada en el espectáculo y la improvisación a los primeros principios de la antisepsia, sentando así las bases de la cirugía moderna.
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