Los términos de la neurociencia —sinapsis, glía, hipocampo, memoria episódica, plasticidad— circulan a diario por los medios sin que la mayoría sepa qué significan realmente.
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Los términos de la neurociencia —sinapsis, glía, hipocampo, memoria episódica, plasticidad— circulan a diario por los medios sin que la mayoría sepa qué significan realmente. Este libro propone aprender el idioma del cerebro igual que se aprende una lengua extranjera: con vocabulario, sintaxis y una pequeña gramática que ayude a evitar los errores más comunes. Nacido de una serie de crónicas radiofónicas, reúne treinta y cinco capítulos breves que van de la neurona al pensamiento con tono ameno y contenido riguroso.
Escrito a cuatro manos por un especialista en neurociencias y una lectora no iniciada, este volumen parte de una intuición sencilla y fértil: entre nuestra curiosidad por saber cómo funcionamos y el conocimiento científico que la responde se ha levantado un muro hecho de palabras opacas. Glía, receptor de membrana, cuerpo calloso, área de Broca, ganglios basales: vocablos que se repiten en artículos, programas y debates públicos, y que suenan a lengua extranjera para quien no los ha estudiado. La propuesta del libro es aprender ese idioma como se aprende cualquier otro, hasta poder escuchar y leer sobre el cerebro en versión original y sin subtítulos.
El origen del proyecto está en la radio: una serie de crónicas breves concebidas para las mañanas de verano, serias en el fondo y ligeras en la forma. Esa oralidad se conserva aquí en treinta y cinco capítulos que avanzan por etapas. Primero, las materias primas —la neurona, la glía, los neurotransmisores, los receptores, la sinapsis, las redes—; después, la geografía cerebral: córtex, hipocampo, lóbulo frontal, córtex visual. Un tercer tramo funciona como gramática correctiva y desmonta creencias instaladas, del mito del 10 % a las lecturas ingenuas de la neuroimagen, para mostrar que la percepción es una construcción. Los últimos capítulos suben hacia la conciencia, la autoconciencia, la creatividad, el sistema de recompensa, las neuronas espejo, el cerebro bilingüe y las enfermedades neurológicas.
El método es tan importante como el temario. Cada término se explica menos por definición que por relato: el duelo entre Golgi y Cajal que dio origen al concepto de neurona, el sueño de Otto Loewi que reveló la transmisión química, los receptores que fueron durante medio siglo fantasmas de laboratorio. El humor, el cine, la literatura y el habla coloquial entran sin ceremonia, no como adorno sino como anclaje de memoria. El objetivo declarado es unas humanidades puestas al día —neurohumanidades— que permitan seguir estas conversaciones sin credulidad ni escepticismo automático, en un tiempo en que el cerebro se invoca al hablar de escuela, salud, justicia, trabajo o inteligencia artificial.
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