Un futuro padre descubre que el embarazo de su pareja le ha reprogramado la mirada: de pronto el mundo entero parece gestante. En siete microrrelatos breves, «Delirios de un embarazado» convierte esa distorsión perceptiva en una crónica…
Descargar
Un futuro padre descubre que el embarazo de su pareja le ha reprogramado la mirada: de pronto el mundo entero parece gestante. En siete microrrelatos breves, «Delirios de un embarazado» convierte esa distorsión perceptiva en una crónica íntima, cómica y algo febril de los nueve meses vividos desde el lado masculino, entre asombro, deseo, celos larvados y desmontaje de mitos populares.
«Delirios de un embarazado», de Diego Narrate, parte de una premisa sencilla y desconcertante: el narrador —un hombre de mediana edad, aficionado a razonar las cosas fríamente— empieza a ver embarazadas en todas partes. En el supermercado, en el transporte público, entre las vecinas, en la oficina, en la familia. Lleva la cuenta, elabora estadísticas domésticas, busca una explicación racional, y no la encuentra. Antes no estaban ahí; ahora ocupan el mundo entero, junto con las guarderías, las tiendas de artículos de bebé y las películas de niños que la televisión parece haber programado a propósito. La obra se sostiene sobre esa fricción entre un temperamento escéptico y una realidad que se le desborda.
El prefacio ofrece la clave interpretativa: el autor propone entender el embarazo como un estado de trance, comparable al enamoramiento o al duelo, con efectos analgésicos, afrodisíacos y alucinógenos que se disipan tras el parto. Sobre esa hipótesis se articulan siete piezas breves. En «Desfile de embarazadas», una tarde de espera en las clases de preparto se transfigura en una parada militar de vientres erguidos y rostros desafiantes, imaginería en la que la fuerza y la belleza se confunden. En «Luchadoras de sumo», una visita a la «semana del bebé» de un centro comercial deriva en un catálogo de escenas cada vez más improbables: barrigas pintadas como caras de payaso, un cuadrilátero de barro entre la sección de zapatería, apuestas cuyo premio son lotes de pañales. El narrador no sabe si está ante una campaña de marketing agresivo o ante su propia alucinación, y el libro no se apresura a aclarárselo.
Dos textos bajan de registro para tocar tierra. «Los bulos de la incultura» reconstruye, en diálogo casi teatral, el encuentro con un compañero de trabajo que da por hecho, entre gestos y medias frases, que durante el embarazo «no se puede»; la semilla de la duda crece con una búsqueda nocturna en internet y solo se cierra con una consulta al ginecólogo que devuelve al protagonista a su sentido común. «Las Correas» juega con el mismo mecanismo: una expresión vecinal mal entendida convierte una prueba de monitorización rutinaria en la antesala imaginaria de una sala de torturas. En medio, la brevísima «Atracción sexual» condensa en un solo párrafo la dimensión erótica del conjunto, sin rodeos ni disculpas.
El hilo que une las piezas es la cuestión del poder. El narrador describe la barriga como una fuente de autoridad casi sobrenatural que la mujer ostenta con cierto egoísmo, y desde ahí formula su propio reclamo de potestad sobre lo que también le pertenece. Es una voz que admira, desea, exagera y se sabe poco fiable: llama «mi barrigona» a su mujer, se declara pasmado ante lo que ve, sospecha de sí mismo. Publicado en 2015 y dedicado «a todos los que deliran por esas espléndidas barrigas», el libro se lee de una sentada y funciona menos como manual de paternidad que como testimonio de un delirio consentido, con humor, franqueza física y una honestidad algo incómoda sobre lo que el embarazo también despierta en el hombre que lo mira desde fuera.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.