En la Ciudad del Abismo nadie duerme tranquilo. Un rey sin párpados gobierna un territorio de tortura y envía cada noche a sus sombras hasta Égulen, el Bosque Escondido, para cazar criaturas y convertirlas en soldados.
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En la Ciudad del Abismo nadie duerme tranquilo. Un rey sin párpados gobierna un territorio de tortura y envía cada noche a sus sombras hasta Égulen, el Bosque Escondido, para cazar criaturas y convertirlas en soldados. Mientras una resistencia de hadas, lobos, dragones y gárgolas aguarda a un líder que no llega, un camarero huérfano y sin clan sobrevive sirviendo copas a licántropos y vampiros. Se llama Demo, y jamás imaginó que la esperanza de un bosque entero pudiera caber en alguien como él.
«Demonions», de Victoria Calvo, abre las puertas de un mundo partido en dos por una grieta sin fondo. A un lado, el Abismo: aguas infernales, una catarata que cae hacia el infinito y un castillo donde El que nunca duerme se alimenta del dolor ajeno. Al otro, Égulen, el Bosque Escondido, donde centauros ebrios, elfos azules, hadas presumidas y viejos contadores de historias resisten como pueden mientras el general Tamir lanza sus abatidas nocturnas para arrastrar cautivos y convertirlos en sombras.
La novela avanza por dos frentes que se buscan sin saberlo. En el bosque, Ratka —perra loba y hembra alfa— desconfía de Medusa, la bruja octogenaria que reparte vino de eucalipto en una ermita en ruinas y que guarda un pacto secreto con Goliat, un rastreador del ejército enemigo al que enseña magia a cambio de los secretos de su señor. De ese trato nace una revelación incómoda: existe otra tierra, y el relato oficial del Abismo es una mentira sostenida sobre el miedo.
En la Ciudad del Abismo, en cambio, la epopeya se disfraza de rutina miserable. Demo vive en un zulo de veinte metros, cobra en platos de alubias y se camufla con una chupa de tachuelas para no llamar la atención de los clanes que se disputan la noche: licántropos, vampiros, muertos vivientes y momias. Rechaza con cortesía todas las ofertas de afiliación porque no pertenece a nada ni a nadie, y arrastra una pesadilla recurrente en la que unas voces prometen encontrarlo siempre. Cuando dos rastreadores entran en el bar donde trabaja, la pesadilla deja de ser un sueño.
Calvo mezcla humor sardónico, criaturas de bestiario y una alegoría transparente sobre el poder: un tirano que sostiene su dominio racionando el conocimiento y fabricando un ejército de cobardes. Frente a él, la fe obstinada en que siempre hay «algo más» al otro lado de lo que nos dejan ver. Fantasía oscura de tono juvenil y adulto a la vez, apuesta por el héroe más improbable: el más pequeño, el más asustado, el único sin bando.