En las tierras salvajes de la Escocia medieval, Duncan McColl, un poderoso laird curtido en batalla, se ve sorprendido por la irrupción de Bethia, una mujer misteriosa con ojos verdes que cae literalmente del cielo en medio de su…
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En las tierras salvajes de la Escocia medieval, Duncan McColl, un poderoso laird curtido en batalla, se ve sorprendido por la irrupción de Bethia, una mujer misteriosa con ojos verdes que cae literalmente del cielo en medio de su celebración de victoria. Entre acrobacias imposibles, descarada burla y una atracción que enciende los sentidos, comienza una persecución cargada de deseo y secretos que sacudirá los cimientos del clan.
En la Escocia del medievo, donde los clanes guerreros gobiernan tierras salvajes y hermosas, la tradición dictamina que el amor es un lujo que ningún laird puede permitirse. Duncan McColl, jefe del clan más poderoso, acaba de regresar triunfal de un viaje de alianzas estratégicas. A sus treinta años, el atractivo líder ha construido una reputación de hombre conquistador, experimentado en batalla y en asuntos del corazón, siempre cuidadoso de elegir únicamente a mujeres que busquen lo mismo que él: placer sin compromisos.
En medio de la celebración, mientras sus guerreros festejan la victoria alrededor de una larga mesa repleta de manjares, algo imposible ocurre. Tres mujeres irrumpen literalmente desde el cielo, cayendo sobre la mesa con una agilidad acrobática que roba el aliento. Entre ellas, Bethia, una belleza de ojos verdes y aire misterioso, viste un extraño traje negro que desafía toda convención. Cuando sus miradas se cruzan, algo incontrolable estalla entre Duncan y la desconocida: una chispa de deseo que lo deja sin palabras.
Bethia, sin embargo, no es la mujer sumisa que Duncan acostumbra conquistar. Con una sonrisa burlona y un guiño provocador, desaparece en la noche, llevándose consigo el control del laird. Duncan se encuentra obsesionado, incapaz de pensar en otra cosa que no sea esa mujer enigmática, sus labios carnosos, sus piernas largas y esa actitud descarada que lo desafía como ninguna lo ha hecho.
Cuando Duncan se encamina solo al río para limpiarse de la humillación, descubre que no está solo. Bethia, desde las ramas altas de un árbol, lo observa con igual intensidad abrasadora. Bajo la luz de la luna, mientras él se sumerge en las aguas frías, ella lo contempla desde las sombras, ardiendo en un deseo que espeja el suyo. El fuego entre ambos es tan intenso como el misterio que la rodea.
La atracción es mutua e irresistible, pero cargada de incógnitas peligrosas. ¿De dónde vinieron estas mujeres? ¿Qué buscan? ¿Son espías de clanes enemigos? Lo cierto es que Duncan ha hallado en esos ojos verdes algo que lo ha transformado, y que Bethia siente con igual fuerza el llamado de un destino ineludible.
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