Un ensayo periodístico que examina los primeros cuatro años del pontificado de Benedicto XVI (2005-2009) como si se tratara de una legislatura sometida a balance público.
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Un ensayo periodístico que examina los primeros cuatro años del pontificado de Benedicto XVI (2005-2009) como si se tratara de una legislatura sometida a balance público. José Catalán Deus reconstruye los aciertos, las promesas incumplidas y las tormentas que sacudieron la Curia Romana al cierre de ese cuatrienio, y desde ahí se pregunta qué margen de acción le queda a Joseph Ratzinger y qué escenarios se abren para la Iglesia Católica cuando llegue la sucesión.
El libro arranca con una escena reveladora: un programa de televisión que sienta a un Papa ante un jurado popular y lo declara culpable. La anécdota funciona como emblema de la tesis central de la obra: la Iglesia Católica ha pasado de una posición de dominio cultural a una de institución cuestionada, escrutada y, en no pocos ámbitos, abiertamente hostigada. Ese desplazamiento histórico, sostiene el autor, venía incubándose desde el pontificado anterior, pero se hizo evidente durante los primeros cuatro años de Benedicto XVI.
A partir de ahí, la obra propone un ejercicio poco habitual aplicado al papado: evaluarlo con los criterios temporales de un mandato político. Cuatro años son un plazo largo para juzgar a un gobernante y muy breve para una institución de dos milenios; sobre esa tensión se construye el balance. El recorrido repasa la trayectoria de Joseph Ratzinger —el teólogo bávaro, el consultor del Concilio Vaticano II, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— y la contrasta con el Papa que emergió tras el cónclave de abril de 2005, cuando muchos esperaban un inquisidor y encontraron a un intelectual pausado, dado al estudio, a la escucha y a un perfil mediático deliberadamente bajo.
El autor inventaría con detalle la producción de ese primer cuatrienio: encíclicas, exhortaciones, motu proprio, cartas apostólicas, viajes internacionales y, sobre todo, un corpus de homilías que considera la veta menos conocida y más personal del magisterio ratzingeriano. Ese recuento sirve de contrapeso a la percepción de inmovilidad, pero también permite medir la distancia entre proyecto y resultado: la reforma de la Curia apenas esbozada, la contrarreforma litúrgica que encontró resistencias desde la cúpula hasta las parroquias, el continuismo casi absoluto respecto de Juan Pablo II bajo un estilo radicalmente distinto.
El núcleo dramático del relato son los meses que cierran el cuatrienio: el levantamiento de la excomunión a los obispos lefebvrianos, la rebelión del clero austríaco que forzó a retirar un nombramiento episcopal, el escándalo del fundador de un influyente movimiento eclesial y la polémica sobre los preservativos que estalló al inicio del primer viaje africano. La crónica muestra a un Vaticano obligado a explicarse, a un Papa escribiendo de su puño y letra a los obispos del mundo para pedir apoyo, y a una institución que ya no puede refugiarse en el silencio mayestático frente a la lupa permanente de los medios.
El tramo final se orienta hacia el futuro. Con el testimonio de vaticanistas, colaboradores próximos y críticos declarados, el libro traza el mapa de las corrientes que se disputan la orientación del catolicismo, perfila a los cardenales que suenan como posibles sucesores y sopesa las alternativas: prolongar el proyecto continuista en un tercer pontificado o intentar una rectificación reformista. El autor advierte de antemano sobre los límites de su método —confidencias que se tiñen de prejuicio, datos difíciles de contrastar— y reivindica una crónica equilibrada, ajena tanto al anticlericalismo como a la apología, que se ciñe a los hechos incluso cuando el material invita a leerlos en clave apocalíptica.
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