Un avión de transporte ruso cae en los bosques del norte de Rusia y con él desaparece un equipo conjunto de inspección de armas nucleares. Días antes, el estadounidense John Avery había descubierto algo inquietante en una base aérea…
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Un avión de transporte ruso cae en los bosques del norte de Rusia y con él desaparece un equipo conjunto de inspección de armas nucleares. Días antes, el estadounidense John Avery había descubierto algo inquietante en una base aérea abandonada a su suerte. Enviados al lugar del siniestro, el coronel Peter Thorn y la agente del FBI Helen Gray deben abrirse paso entre burocracias enfrentadas, corrupción militar y un pantano hostil para averiguar si fue un accidente o un crimen.
En el norte helado de Rusia, lo que queda del poderío militar soviético se oxida a la intemperie: cercas caídas, hangares clausurados, escuadrones sin combustible y tropas que llevan meses sin cobrar. Es en ese escenario de abandono donde John Avery, veterano de las Fuerzas Especiales convertido en inspector de tratados, termina una visita de rutina a la base de Kandalaksha con la certeza de haber visto algo que no debería existir. Decide callar hasta llegar a Moscú. Nunca llega: el Antonov-32 que lo traslada pierde los dos motores sobre un mar de coníferas y se deshace contra el bosque.
Cuatro días después, una comitiva estadounidense aterriza en un claro embarrado, a decenas de kilómetros del camino más próximo. Entre ellos viaja el coronel Peter Thorn, oficial de carrera relegado a un escritorio tras desobedecer una orden de la Casa Blanca, con autoridad suficiente para observar y ninguna para decidir. La investigación la conducen los rusos, que reciben la ayuda extranjera como una intromisión; los técnicos norteamericanos discuten competencias mientras los conscriptos peinan el pantano en trajes de goma, recogiendo esquirlas y restos humanos bajo nubes de insectos.
Allí Thorn vuelve a encontrarse con Helen Gray, agente del FBI destinada en Moscú, con quien lo une una relación erosionada por la distancia y las urgencias del trabajo, y conoce al mayor Alexei Koniev, un policía del Ministerio del Interior demasiado joven, demasiado cordial y demasiado bien vestido para su sueldo. Ninguno de los tres tiene claro de quién puede fiarse: mercado negro, mafias y uniformes se han vuelto un mismo tejido, y cualquier pieza de metal retorcido puede ser tanto una prueba de fatiga mecánica como la firma de un asesinato múltiple.
Larry Bond y Pat Larkin construyen un thriller de procedimiento y tensión geopolítica sobre una idea inquietante: un arsenal descomunal custodiado por un Estado sin dinero para vigilarlo. La novela avanza con precisión técnica —la mecánica del vuelo, el método de una investigación de accidentes, la logística imposible del terreno— y con la sospecha creciente de que aquello que Avery vio sigue en alguna parte, esperando comprador.