Diario del enano, de Eduardo Liendo, es la confesión de un narrador que se hace llamar José Niebla y que afirma haber vivido, bajo distintos nombres y oficios, una sucesión de existencias pasadas.
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Diario del enano, de Eduardo Liendo, es la confesión de un narrador que se hace llamar José Niebla y que afirma haber vivido, bajo distintos nombres y oficios, una sucesión de existencias pasadas. A través de esas vidas —niño de circo, novicio de monasterio, pintor frustrado, sirviente de burdel, aprendiz de tapicero— la novela construye un relato fragmentario sobre la memoria, la identidad cambiante y la voluntad de poder.
Diario del enano se presenta como el testimonio de una voz que se proclama única depositaria de su propia verdad: José Niebla, quien asegura haber transitado, a lo largo del tiempo, por decenas de cuerpos y nombres distintos antes de llegar a ser quien es. El relato reconstruye ese linaje de identidades a partir de fragmentos atribuidos a un supuesto ‘diario del enano’, citado y glosado por un interlocutor llamado Matatías, lo que añade una capa de duda sobre la veracidad de cada episodio.
La primera de estas vidas rescatadas es la de Julián Camacho, hijo de una pareja pobre ligada a un circo ambulante: un padre borracho que cuida bestias y muere embestido por un rinoceronte, y una madre pitonisa que había profetizado el nacimiento de un dragón. En ese mundo de lonas y jaulas, el niño presencia una tragedia entre dos hermanos acróbatas enfrentados por amor, y queda marcado por la miseria, la crueldad y el espectáculo antes de huir, huérfano, hacia otra vida.
Le sigue el paso por un monasterio, donde un clérigo lo recoge y lo inicia en la lectura y la fe, mientras el joven descubre el deseo a través de la imagen prohibida de una Virgen pintada, es testigo del castigo infligido a un fraile disidente y experimenta sus primeros despertares carnales antes de abandonar también ese refugio. Más adelante se reinventa como pintor solitario, obsesionado con imágenes de sapos danzantes y cielos ensangrentados, hasta sufrir el rechazo humillante de una academia de arte y buscar, en un viaje incierto, el juicio de un maestro consagrado cuya sombra terminará por aplastar su vocación.
Otras metamorfosis lo llevan a servir en una casa de citas, donde administra el orden de un mundo de deseo y fichas con nombres de animales, y es testigo involuntario de escenas ajenas de placer y fracaso; y a trabajar como aprendiz de tapicero en un taller donde se gestan ideas anarquistas sobre la igualdad y la abolición de toda autoridad. Cada episodio funciona como una vida completa y a la vez como un eslabón en la genealogía de un mismo espíritu que se rehace una y otra vez, sepultando versiones anteriores de sí mismo.
Más que una biografía lineal, Diario del enano se construye como un mosaico de reencarnaciones narrativas que interrogan la naturaleza del poder, la ambición y la memoria: quién cuenta la propia historia, cuánto de ella es invención, y qué queda de un hombre cuando ha sido, sucesivamente, niño de circo, novicio, pintor, sirviente y conspirador.