Novela en primera persona ambientada en el Madrid del inicio de la Guerra Civil, narrada por un juez recluido en un garaje reconvertido en checa. Entre el frío, el hambre y la espera de un destino incierto, el protagonista escribe un…
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Novela en primera persona ambientada en el Madrid del inicio de la Guerra Civil, narrada por un juez recluido en un garaje reconvertido en checa. Entre el frío, el hambre y la espera de un destino incierto, el protagonista escribe un cuaderno que entrelaza el presente de la cautividad con los recuerdos del entierro de su padre, coronel retirado, y con los días de julio en que estalló la sublevación militar, cuando su vida giraba en torno a un amor clandestino y a la angustia de su hermano Miguel, oficial dividido entre la lealtad a su regimiento y la lucidez de comprender lo que se avecinaba.
El relato arranca en un encierro improvisado —un garaje con biseles para las ruedas de los coches, convertido en prisión colectiva— donde el narrador, un juez, comparte frío, miedo y una ración mínima de pan y café con un capitán, un estudiante de medicina, un seminarista, unos gemelos y otros presos. Desde ese presente de tiritona y espera, la memoria lo empuja hacia atrás: el entierro de su padre, un coronel de artillería fallecido apenas veinte días antes, al que siguió por las calles de un Madrid ya tomado por milicias, camiones con banderas rojas y puños en alto que saludan, sin saberlo, el féretro de un militar que temían y despreciaban. De ahí el recuerdo salta a una tarde de lluvia en el Retiro, a la plenitud casi mística de un amor furtivo con Luisa, una mujer casada cuyo divorcio se tramita mientras un hombre con sandalias los sigue por encargo del marido, Norte, militante de partido que se niega a dejarla ir. La narración retrocede aún más, hasta el sábado de julio en que estalla la noticia de la sublevación del Ejército de África: una cita en un merendero con reservados, el pánico de Luisa ante un posible espía, la fantasía de una huida a Francia frustrada por pasaportes caducados y visitas ineludibles a una madre enferma, y el regreso a una casa familiar donde el padre agoniza, el cuñado Juan bebe para aplacar su inquietud, el joven Jacobo celebra con fervor ideológico la inminente ‘solución’, y Miguel, el hermano oficial, se debate entre acompañar a sus compañeros de regimiento hacia la sublevación o quedarse al margen, consciente de que ya no hay salida limpia para nadie. Alternando el registro sensorial del encierro —el frío, los olores, los ruidos del alba— con la reconstrucción morosa y emocional de los días previos al estallido de la guerra, el texto construye el retrato íntimo de una familia y una clase social sorprendidas por la historia, donde el deseo, el miedo y la lealtad familiar se entrelazan con la crónica de un país que se precipita hacia la catástrofe.