Una novela que abre con la alegoría de un hormiguero sitiado para adentrarse después en la desbandada de un destacamento militar español en el norte de África, narrando desde dentro el pánico, la huida y la muerte de un soldado atrapado…
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Una novela que abre con la alegoría de un hormiguero sitiado para adentrarse después en la desbandada de un destacamento militar español en el norte de África, narrando desde dentro el pánico, la huida y la muerte de un soldado atrapado entre el desierto y el mar.
La obra arranca con una escena de aliento fabulístico: una ciudad subterránea de hormigas, ciega y laboriosa, que vive amenazada por un enemigo exterior armado de tenazas y cizallas. Sus guerreros, criaturas de blandos cuerpos y cráneos acorazados, sellan con su propia muerte las entradas del hormiguero para salvar a la colonia. Esta imagen inaugural funciona como espejo y anticipo de lo que sigue: un grupo de soldados españoles, apostados en una posición aislada en tierra norteafricana, esperan durante una noche interminable el asalto de un enemigo muy superior en número. El relato se sumerge en el monólogo interior de la tropa, fragmentado y obsesivo, dominado por el hambre, la sed, los piojos y el miedo, mientras a lo lejos se oye la letanía religiosa de quienes van a atacarlos. Cuando el ataque llega, la posición cae y la mayoría de los defensores muere en un combate confuso narrado con crudeza sensorial. De ese desastre logra escapar un único soldado, que emprende una huida nocturna guiándose por la Estrella Polar, recuerdo transmitido por su padre en una escena de intimidad filial evocada como contrapunto de ternura frente al horror presente. La narración sigue su travesía a través de barrancos y montañas, escondido de día, avanzando de noche, herido, febril y cada vez más deshumanizado por el agotamiento. Un episodio central marca un punto de no retorno: oculto en un escondite, es testigo de cómo un grupo de niños tortura y remata a un soldado herido con piedras, y decide no intervenir para no ser descubierto, cargando desde entonces con esa pasividad como una herida moral añadida a las físicas. Refugiado en una grieta junto al mar, con el tobillo destrozado y la esperanza de alcanzar Melilla cada vez más lejana, el protagonista alterna el delirio, los recuerdos de infancia y una lenta rendición ante la muerte, hasta un desenlace final de violencia que cierra su historia individual. El relato se abre entonces a otras figuras anónimas que repiten, por distintas rutas, la misma huida desesperada hacia las líneas españolas, sugiriendo que la experiencia del protagonista es apenas una entre muchas idénticas. Con una prosa de frases cortas y reiteraciones que imitan el jadeo y la obsesión de la mente bajo estrés extremo, la obra construye un relato sobre el colapso de una unidad militar y la degradación del individuo convertido en autómata de la supervivencia, sin nombrar explícitamente el episodio histórico que evoca pero dejando reconocibles sus coordenadas: un desastre colonial español en el Rif, con topónimos como Melilla, Farkhana o el cabo de Tres Forcas.