Gallardo compone una feroz respuesta satírica contra quienes pretenden frenar el pensamiento racional. Esta obra magistral de crítica burlona arremete contra la intolerancia clerical y el obscurantismo que sofoca el espíritu liberal…
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Gallardo compone una feroz respuesta satírica contra quienes pretenden frenar el pensamiento racional. Esta obra magistral de crítica burlona arremete contra la intolerancia clerical y el obscurantismo que sofoca el espíritu liberal español. Con prosa desbordante de ingenio, denuncia cómo los enemigos de la razón utilizan la imprenta para atacar la Constitución y conspirar contra la libertad. Un alegato apasionado en defensa del derecho a pensar libremente.
Bartolomé José Gallardo publica este Diccionario Crítico-Burlesco como respuesta directa a un ataque sistemático contra los pensadores liberales de su tiempo. Bajo una batería de metáforas militares y religiosas de extraordinario vigor, desentraña los mecanismos de la represión intelectual que aqueja a España tras la invasión napoleónica.
La obra constituye una defensa acalorada de la razón humana frente a quienes la condenan como herramienta del demonio. Gallardo desenmascara la hipocresía de los eclesiásticos que, bajo pretexto de defender la religión, buscan monopolizar el pensamiento y perpetuar su dominio sobre las mentes. Satiriza implacablemente cómo estos “serviles” atribuyen todos los males de la nación a los filósofos, cuando la responsabilidad recae sobre políticos corruptos y gobiernos tiránicos.
Con una prosa torrencial, plagada de giros populares y referencias clásicas, Gallardo arguye que el pensamiento libre no es enemigo de la virtud ni de la fe genuina. Al contrario: sin iluminación racional, la voluntad no puede seguir verdaderamente el camino de la virtud. Rechaza con sarcasmo la noción de que la ignorancia sea protección espiritual. Su visión apela a la experiencia histórica del pueblo español, que ha sufrido bajo el despotismo mientras le vedaban el acceso al conocimiento.
La obra es también una reflexión sobre la libertad de imprenta, presentada como arma tanto de opresión como de liberación. Gallardo contempla cómo sus adversarios utilizan precisamente esa libertad para atacar a los liberales, lanzando “proyectiles” impresos cargados de invectivas contra la Constitución. Su respuesta burlona es una llamada a la conciencia: mientras la nación sangra, algunos consagran sus esfuerzos a perseguir intelectuales.
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