Crónica en primera persona de las jornadas de noviembre de 1917 en Petrogrado, cuando los bolcheviques, al frente de obreros y soldados, tomaron el poder y lo entregaron a los Soviets.
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Crónica en primera persona de las jornadas de noviembre de 1917 en Petrogrado, cuando los bolcheviques, al frente de obreros y soldados, tomaron el poder y lo entregaron a los Soviets. Reed reconstruye asambleas, discursos, decretos y calles en tensión con la inmediatez de quien estuvo allí, apoyado en apuntes propios, prensa de la época y documentos oficiales. Un relato que no oculta sus simpatías, pero que persigue con obstinación el registro exacto de los hechos.
John Reed llegó a Rusia como corresponsal y salió de ella con un cuaderno lleno de una historia que aún estaba ocurriendo. El resultado es este libro: un fragmento condensado de aquel proceso, tal como él lo vio, centrado en el «Petrogrado Rojo» —capital y corazón del levantamiento— y consciente de que lo sucedido allí se repitió, con otra intensidad y otros ritmos, en el resto del país.
Dos capítulos iniciales preparan el terreno. Explican el desmoronamiento de la economía y del Ejército, iniciado mucho antes del desenlace; la corte zarista y sus maniobras hacia una paz por separado; la Revolución de Marzo y una luna de miel breve, rota en cuanto quedó claro que las clases poseedoras querían una revolución política y las masas una democracia obrera y campesina. Sobre ese fondo avanza el relato: la deserción como respuesta espontánea al problema de la paz, las haciendas tomadas por los campesinos, los comités de empresa disputando el control de la industria, y un Gobierno Provisional que oscila entre reformas mínimas y represión.
Reed dedica páginas a orientar al lector extranjero en una selva de siglas y organizaciones: kadetes, mencheviques y su ala internacionalista, socialistas-revolucionarios de derecha e izquierda, trudoviques, Soviets, sindicatos, dumas, zemstvos, cooperativas, comités del Ejército, Guardia Roja y Guardia Blanca. Describe incluso el temperamento de las asambleas rusas, con su presídium, sus recesos para reuniones a puerta cerrada y un público que aprueba o abuchea a gritos.
La documentación es minuciosa: apuntes personales, centenares de periódicos rusos, boletines de prensa extranjeros, proclamas arrancadas de los muros, decretos oficiales y los tratados secretos hallados en el Ministerio de Negocios Extranjeros. Con ese material Reed compone escenas antes que tesis, y confiesa su método sin rodeos: sus simpatías no fueron neutrales, pero su ojo quiso ser el de un analista concienzudo.
La edición incluye el prefacio del propio autor, un texto introductorio de Lenin para la edición norteamericana, doce capítulos, doce apéndices documentales y notas. Un clásico del periodismo testimonial que sigue funcionando como puerta de entrada a uno de los acontecimientos decisivos del siglo XX.
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