Un retrato en prosa del comandante Željko Ražnatović, «Arkan», y del país que se deshizo a su alrededor. A través de dieciocho capítulos que saltan en el tiempo, el libro reconstruye cómo un delincuente encumbrado en Belgrado se convirtió…
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Un retrato en prosa del comandante Željko Ražnatović, «Arkan», y del país que se deshizo a su alrededor. A través de dieciocho capítulos que saltan en el tiempo, el libro reconstruye cómo un delincuente encumbrado en Belgrado se convirtió en señor de la guerra, cómo las gradas del fútbol yugoslavo funcionaron de cantera para milicias, y cómo el nacionalismo y el crimen organizado ocuparon el vacío que dejó la caída del comunismo en los Balcanes.
Hay un instante en el que un estadio deja de ser un estadio. Este libro parte de esos instantes: una pancarta desplegada en Roma en enero del 2000 en honor a un criminal de guerra recién asesinado; una noche helada de 1989 en la que un hombre con aire de capo entra en la sede del Estrella Roja de Belgrado; un derbi entre el Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja en mayo de 1990 que la memoria colectiva registra como el principio formal del fin de Yugoslavia; un apagón durante un Yugoslavia-Croacia de 1999 del que brotan los primeros cánticos contra Milošević; un Italia-Serbia suspendido en Génova en 2010 por ultras que aún reivindican a un muerto.
El hilo que los une es Željko Ražnatović, «Arkan»: atracador internacional, hombre de confianza de los servicios secretos, empresario del delito, fundador de la milicia de «Los Tigres» —reclutada tanto en las cárceles como en los fondos de los estadios— y responsable de matanzas, fosas comunes y limpiezas étnicas. Su biografía sirve de eje para contar algo más grande: el desmoronamiento de una federación de seis pueblos que Occidente había querido leer como un experimento logrado de convivencia, y que tras el muro de Berlín se rompió en secesiones, odio étnico y guerra civil.
La estructura no es cronológica. Los capítulos avanzan por saltos deliberados, como piezas de un rompecabezas que el lector termina de encajar al cerrar el libro; la lógica del personaje no cambia, solo cambian los escenarios y los objetivos. El tono mantiene el rigor del ensayo —fuentes escasas, difíciles, a menudo en otras lenguas— pero el ritmo se acerca al de la novela.
En el fondo late una pregunta doble. Qué fue de aquel fútbol balcánico deslumbrante que ya no existe porque su país tampoco existe. Y qué responsabilidad le cabe a Europa por haber subestimado primero y tolerado después una catástrofe que aún proyecta su sombra sobre las gradas, la política y la convivencia.