Un volumen colectivo que examina las desigualdades urbanas persistentes en América Latina desde una perspectiva que integra territorio y sociedad como una misma trama, reuniendo aportes teóricos y estudios de caso sobre movilidades,…
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Un volumen colectivo que examina las desigualdades urbanas persistentes en América Latina desde una perspectiva que integra territorio y sociedad como una misma trama, reuniendo aportes teóricos y estudios de caso sobre movilidades, identidades y acceso a la ciudad.
¿Por qué, tras años de crecimiento económico y de políticas orientadas a redistribuir, ciertas desigualdades siguen ahí? Este libro parte de esa pregunta incómoda para proponer un desplazamiento conceptual: dejar de tratar al espacio como el escenario donde ocurren los procesos sociales y empezar a pensarlo como una dimensión constitutiva de la desigualdad misma.
Coordinado por María Mercedes Di Virgilio y Mariano Perelman, el volumen se organiza en torno a la noción de desigualdades persistentes y territorios emergentes. Sus autores recuperan un repertorio teórico amplio —la igualdad política como condición de posibilidad de la desigualdad, las concepciones de justicia social por posiciones y por oportunidades, la distinción entre desigualdades vitales, existenciales y de recursos, y los mecanismos de distanciamiento, exclusión, jerarquización y explotación— para leerlo en clave urbana. La apuesta consiste en superar tanto las miradas unidimensionales, centradas casi exclusivamente en el ingreso, como las unitemporales, que pierden de vista que las desigualdades son sedimentos de procesos históricos que funcionan a velocidades distintas.
Desde esa base, el libro discute críticamente la llamada tesis del espejo: la idea de que segregación residencial y desigualdad se corresponden de manera automática. Frente a ello, propone atender a las formas concretas de transitar, habitar y apropiarse de la ciudad, donde se producen relaciones desiguales que no se agotan en la expulsión de los sectores de menores ingresos. Buenos Aires ofrece un terreno privilegiado para observarlo: barrios de clases medias cohabitados por sectores populares, trabajadores del cartoneo que acceden a zonas que no habitan, personas en situación de calle que despliegan estrategias subalternizadas de permanencia. Allí, la morfología del territorio, la calidad de los entornos, las temporalidades del espacio construido y las moralidades dominantes intervienen activamente en la producción de la desigualdad.
El capítulo inaugural, a cargo de Luis Reygadas, ensaya un rodeo teórico deliberadamente heterodoxo: poner en diálogo a Marx con Bruno Latour para preguntarse por la agencia del territorio. Si las asimetrías profundas y duraderas no se explican solo por las estrategias de los actores humanos, y los objetos operan como mediadores que transforman y no como intermediarios que transportan, entonces el territorio deja de ser soporte pasivo y pasa a ser un factor en la reproducción de las inequidades. La consecuencia práctica es exigente: combatir la desigualdad implicaría también transformar la configuración material del espacio, no solo las leyes y las relaciones sociales.
El resto de las contribuciones se despliega en cuatro secciones —territorialidades e identidades, movilidades urbanas, desigualdad y acceso a la ciudad, y los trabajos de investigadores en formación—, con introducciones que ofrecen coordenadas de lectura y conclusiones cruzadas al cierre. Surgido de un taller realizado en el Instituto Gino Germani en diciembre de 2015 y sometido a referato, el libro combina densidad teórica con etnografías y análisis empíricos situados, y se dirige a quienes investigan la ciudad desde la sociología, la antropología, la geografía y las políticas urbanas.
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