En una ciudad gallega viven dos amigos de apariencias contrastantes: el gigantesco Juan y el diminuto Nicomedes. Dedicados al paseo constante por las calles, su vida tranquila y aparentemente ociosa despierta la obsesión de un ambicioso…
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En una ciudad gallega viven dos amigos de apariencias contrastantes: el gigantesco Juan y el diminuto Nicomedes. Dedicados al paseo constante por las calles, su vida tranquila y aparentemente ociosa despierta la obsesión de un ambicioso joven policía. Lo que comienza como una investigación privada contagia a sus colegas, quienes especulan sobre misteriosos crímenes. Una sátira mordaz sobre la paranoia, el prejuicio y cómo la autoridad persigue lo inexistente.
En una ciudad gallega viven dos hombres extraordinariamente singulares que forman una pareja inseparable: Juan, un coloso de casi dos metros que pesa ciento dieciocho kilos y camina lentamente con cuidado, y Nicomedes —llamado Ni por todos—, un hombre diminuto de sesenta kilos que se mueve con saltitos rápidos. Ambos comparten una vida idéntica: recorren las calles desde la mañana hasta la noche, conversando entre sí y con los vecinos, sin que nadie sepa exactamente a qué se dedican.
La peculiaridad de estos personajes genera admiración respetuosa. Los habitantes los consideran parte del patrimonio colectivo, como la catedral o los viejos cafés. Juan habla en voz delicada; Nicomedes posee un vozarrón de trueno. Esta disparidad física y vocal genera una curiosa armonía entre ambos.
El conflicto surge cuando llega un joven policía llamado Víctor, conocido como Vitín, orgulloso de su uniforme azul y anhelante de realizar hazañas importantes. Influenciado por películas de espías, comienza a sospechar de los dos amigos. ¿Cómo viven sin trabajar? ¿De dónde obtienen dinero? Sus compañeros le aconsejan ignorarlos, pero Vitín está convencido de que hay algo criminal.
Obsesionado, Vitín vigilalos meticulosamente. Anota cada observación en un cuaderno, marca con cruces en un plano de la ciudad. Su dedicación genera curiosidad entre sus colegas, que especulan: ¿espionaje internacional?, ¿contrabando?, ¿delitos bancarios? La sola obsesión del novato convence a muchos de que existe un misterio verdadero.
La sátira deviene más evidente cuando otros policías, envidiosos de que un novato pueda ser quien resuelva un gran caso y obtenga reconocimiento, deciden unirse a la búsqueda. Algunos desisten; pero cinco persisten, intentando robar los apuntes de Vitín para adelantarse en la investigación de un misterio que probablemente nunca existió.