Irene Baños convierte su propia ecoansiedad en una guía de viaje por la crisis climática y ecológica. Tras años informando sobre medio ambiente, la autora reconoce sus contradicciones —vuelos, pajitas, compras compulsivas— y se pregunta…
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Irene Baños convierte su propia ecoansiedad en una guía de viaje por la crisis climática y ecológica. Tras años informando sobre medio ambiente, la autora reconoce sus contradicciones —vuelos, pajitas, compras compulsivas— y se pregunta qué hacer cuando ninguna decisión parece la correcta. Con humor y datos contrastados, desmonta medias verdades sobre reciclaje, plásticos, leche o teléfonos móviles, y propone hábitos razonables para amortiguar el golpe sin caer en la culpa ni en la parálisis.
El punto de partida es una escena reconocible: alguien escucha que se nos acaba el tiempo, que estamos hipotecando el futuro de las próximas generaciones, y empieza a agobiarse. ¿Qué compro? ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Por qué tengo que renunciar al chuletón mientras otros viajan en avión privado? De ese nudo en el estómago —lo que la psicología ambiental llama ecoansiedad— nace este libro, escrito por una periodista que lleva años cubriendo problemas ambientales y que decidió convertir sus dudas en una búsqueda vital en lugar de rendirse a ellas.
La irrupción de la COVID-19 obligó a reformular la pregunta: ¿qué relación hay entre una pandemia y el calentamiento del planeta? ¿Es una el aviso de la otra? La respuesta llega sin catastrofismo y sin tecnicismos. La autora explica qué es exactamente el cambio climático y en qué se diferencia del calentamiento global; por qué el agujero de la capa de ozono no lo provocó, aunque durante años lo creyéramos; qué papel juega el CO2 frente a otros gases de efecto invernadero; por qué la caída de emisiones durante el confinamiento no detuvo la concentración acumulada en la atmósfera —la imagen de la bañera que sigue llenándose aunque se cierre casi el grifo—; y por qué la contaminación del aire y el clima son fenómenos distintos que a veces se retroalimentan.
Desde ahí, el recorrido baja al terreno cotidiano: el consumo de usar y tirar y la historia poco conocida de cómo la industria trasladó al consumidor la culpa del residuo; el plástico dentro de casa; lo que bebemos y comemos; los teléfonos que renovamos cada dos años; la tierra que nos alimenta; y los lujos normalizados cuya factura no vemos. Cada capítulo combina entrevistas con especialistas, cifras verificadas y alternativas practicables.
El mensaje de fondo es doble y deliberadamente incómodo: cada gesto cuenta, pero ningún gesto individual basta. Reciclar solo merece el bronce; reducir y reutilizar se llevan el oro y la plata. Y el cambio puertas adentro únicamente se sostiene si lo acompañan la presión colectiva, la regulación y el voto. Cuidar el planeta, insiste la autora, es en realidad cuidarnos a nosotros: no exige convertirse en asceta, sino imaginar otra normalidad y, quizá, descubrir en ella nuevos placeres.