Una modelo kosovar desaparece en Venecia la noche anterior a un rodaje publicitario. Diecisiete años después, un mensaje inesperado devuelve al publicista que la eligió —hoy novelista— a aquel invierno de 1996, y le entrega la historia que…
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Una modelo kosovar desaparece en Venecia la noche anterior a un rodaje publicitario. Diecisiete años después, un mensaje inesperado devuelve al publicista que la eligió —hoy novelista— a aquel invierno de 1996, y le entrega la historia que nunca pudo escribir: la de Naomi, la guerra que se acercaba a los Balcanes y los hombres que quisieron poseerla.
Venecia, febrero de 1996. Andrea, un joven publicista, ha escogido a Naomi Kranjić —una modelo kosovar de belleza inclasificable, hija de un cubano ausente y de una entrenadora yugoslava— como rostro de una campaña que debe rodarse al día siguiente. La víspera del rodaje, en pleno carnaval, Naomi se desvanece. Solo queda una llamada rota al amanecer, unas pocas palabras sin explicación y una cadenita de oro prestada como amuleto que nadie volverá a ver.
Diecisiete años más tarde, Andrea es un escritor de cierto renombre. Una tarde de agosto en una playa de Cerdeña, un mensaje de una desconocida llamada Milena Ilić lo devuelve de golpe a aquel invierno: dice tener la cadenita, dice haber sido prima de Naomi, dice haberla visto después de su desaparición. El reencuentro se produce en una terraza junto al lago de Lugano, y allí Milena empieza a hablar. De lo que cuenta —dudando, jugando con un llavero, midiendo cada recuerdo— nace la novela que el lector tiene entre manos.
La historia retrocede entonces a los meses que precedieron a la guerra de Kosovo. Naomi había salido de Priština empujada por su madre, había llegado a Turín y luego a Milán, y el mundo de la moda la había absorbido casi sin que ella lo decidiera. Quien la ayudó a escapar fue Dejan Lekić, hijo de una familia acomodada, protector y generoso, enamorado de ella desde siempre y convencido de que el tiempo acabaría dándole la razón. Es él quien aparece de madrugada en el vestíbulo del hotel veneciano con una noticia urgente sobre su hermano herido; es él quien la conduce hasta Milán prometiéndole un vuelo a casa. Y es una llamada telefónica a su madre la que hace tambalear todo: la noticia era falsa. La pregunta —por qué mintió, y qué se pone en marcha con esa mentira— abre el verdadero relato.
Alrededor de Naomi se cierra un entramado de criminalidad organizada que ha entendido antes que nadie el provecho que puede sacarse de un país a punto de romperse. Fronteras porosas, favores que se cobran, aviones privados y hombres acostumbrados a que las personas también sean mercancía. En ese tablero irrumpe Edoardo, un investigador atípico que arrastra una depresión de la que la búsqueda de la modelo desaparecida acaba siendo, paradójicamente, la salida: se lanza al caso como el alfil que cruza el tablero en diagonal, oblicuo, imprevisible, capaz de recorrer de un golpe la distancia entre dos mundos.
El resultado es una novela de intriga construida por capas —el presente de quien escribe, la voz de quien recuerda, el pasado que se reconstruye— donde la desaparición se resuelve para volver a abrirse, y donde el deseo, la posesión y la libertad de una mujer pesan tanto como la guerra que se avecina. Naomi desaparece, es hallada y vuelve a esfumarse en la nada; averiguar qué queda de ella al final es lo que sostiene cada giro del libro.