Durante el asedio de Córdoba en la Edad Media, un caballero de Santiago encuentra entre los escombros a un recién nacido cubierto con una túnica de seda verde. Roy Arias crece en el convento de Salamanca bajo la tutela de la abadesa Leonor.
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Durante el asedio de Córdoba en la Edad Media, un caballero de Santiago encuentra entre los escombros a un recién nacido cubierto con una túnica de seda verde. Roy Arias crece en el convento de Salamanca bajo la tutela de la abadesa Leonor. Desde pequeño siente una fascinación irresistible por las estrellas, convencido de que el universo celeste encierra los secretos del mundo. Pero su dedicación a la astronomía lo enfrentará a una Iglesia que lo acusa de herejía.
Córdoba se desmorona bajo el ataque cristiano. En el caos de la conquista, un caballero de la Orden de Santiago descubre entre los escombros de un palacio mercantil a un lactante envuelto en una valiosa túnica de seda verde. El infante, bautizado como Roy Arias, es entregado a las monjas del convento de Sancti Spiritus en Salamanca, donde la abadesa Leonor, mujer compasiva de linaje aquitano, lo acoge como a un hijo propio. El convento se alza en un barrio humilde rodeado de artesanos, soldados y gente de condición modesta. Leonor inculca en Roy que el trabajo fortalece el espíritu, que la justicia y la rectitud son voluntad divina. Por las tardes le enseña a leer y escribir; por las noches, cuenta historias de profetas y reyes de Israel. Pero Roy siente una vocación que trasciende estas lecciones ordinarias. Desde la infancia, el firmamento ejerce sobre él un poder irresistible. Se escapa de la alcoba para tenderse en el jardín, hechizado por el brillo de las estrellas. Observa los movimientos de los planetas, imagina el significado de los astros, convencido de que en ellos reside un orden sagrado que explica el destino de los hombres. A otros niños les habla como visionario, prediciendo sus destinos según los astros. Crece Roy absorto en el estudio del cielo, viendo en la astronomía una disciplina noble que permite desentrañar los misterios del universo. Pero cuando sus conocimientos llegan a oídos de la Iglesia, lo acusan de gobernar los asuntos humanos y practicar magia. Encadenado y sediento, reflexiona sobre cómo una ciencia respetada en Europa fue condenada como herejía.