Un ensayo periodístico que revisa la salida masiva de patrimonio artístico español —piedras románicas, retablos, tapices, pinturas— hacia colecciones y museos extranjeros durante el primer tercio del siglo XX, sosteniendo que no fue un…
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Un ensayo periodístico que revisa la salida masiva de patrimonio artístico español —piedras románicas, retablos, tapices, pinturas— hacia colecciones y museos extranjeros durante el primer tercio del siglo XX, sosteniendo que no fue un expolio ajeno sino un «autoexpolio»: una pérdida consentida y ejecutada por autoridades, Iglesia, anticuarios y ciudadanía españoles.
Partiendo de la definición académica de «expolio» como despojo violento o inicuo, el autor cuestiona esa lectura tradicional para el patrimonio artístico español desaparecido entre el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Frente a la imagen de un país saqueado por compradores extranjeros, el libro defiende que se trató de un fenómeno distinto, al que llama «autoexpolio»: miles de piezas —esculturas, tapicerías, artesonados, joyas, pinturas murales y elementos arquitectónicos completos— salieron de España mediante transacciones legales, consentidas y a menudo promovidas por instituciones, párrocos, ayuntamientos, anticuarios y particulares españoles, en un contexto marcado por la guerra de la Independencia, la desamortización de 1835 y la falta de conciencia patrimonial.
A partir de una investigación de una década, el volumen reconstruye casos concretos que ilustran ese proceso. Entre ellos, la historia de la antigua iglesia románica de San Esteban de Gormaz (Soria), desmontada en los años veinte y cuyas piedras terminaron reconstruidas como capilla decorativa en una finca de lujo en Camprodón (Girona), descubierta casi un siglo después al salir a la venta por más de dos millones de euros; o el caso de la portada románica de San Miguel de Uncastillo (Zaragoza), vendida por su propio párroco y hoy conservada en un museo de Boston, que ha motivado un movimiento vecinal de recuperación de memoria. El relato conecta estos episodios con el negocio de comerciantes y anticuarios que abastecían a coleccionistas y museos estadounidenses en plena expansión, y sitúa el punto de inflexión en la protección legal impulsada por la Ley del Tesoro Artístico Nacional de 1933 y, más tarde, por la Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985.
Más que una crónica de villanos foráneos, el libro es una invitación a mirar hacia dentro: a entender cómo la ignorancia, la necesidad económica y la ausencia de instituciones fuertes permitieron que generaciones de españoles vendieran, destruyeran o abandonaran un legado que solo otros supieron valorar a tiempo. El autor, que ya había explorado el arte románico en trabajos anteriores, plantea estos episodios no como una tesis académica cerrada sino como una colección de relatos documentados destinados a la reflexión sobre la responsabilidad colectiva ante el patrimonio, entonces y ahora.
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