En un rincón del País Negro inglés, donde el hollín ha esterilizado hasta el brezo, una niña crece entre forjas domésticas y cenizas hasta que el abandono de su madre la arranca de allí y la envía al bosque de sus antepasados.
Descargar
En un rincón del País Negro inglés, donde el hollín ha esterilizado hasta el brezo, una niña crece entre forjas domésticas y cenizas hasta que el abandono de su madre la arranca de allí y la envía al bosque de sus antepasados. Una novela de dos paisajes enfrentados —el hierro y la floresta— y de las familias que se rompen entre ambos.
La obra abre con un retrato casi geológico de Mawne Heath, un enclave de Staffordshire a orillas del Stour donde la industria del hierro ha borrado toda vegetación y ha modelado, por una selección tan dura como el terreno, a una población que sus vecinos consideran salvaje. Allí nace y se cría Jenny Hadley, entre calles de ladrillo bautizadas con nombres irónicos, retretes comunales y cobertizos donde familias enteras —hombres, mujeres y niños indistintamente— forjan eslabones de cadena al ritmo de los fuelles y el martillo.
El centro del relato es un matrimonio mal avenido y las fuerzas que lo deshacen. Aaron Hadley, forjador de fuerza descomunal, boxeador retirado, aficionado a las peleas de perros y a las tabernas, encarna la vitalidad bruta del lugar: una piel de una blancura inverosímil sobre un temperamento sin matices. Mary Wilden, su mujer, es una forastera llegada de Werewood, una extensión boscosa al otro lado del Severn donde su familia lleva doscientos años arañando cosechas pobres y carbón de leña. Mary huyó de allí impulsada por un temperamento inquieto y por la sombra devota de su hermana Thirza, viuda entregada a la espera literal de la Segunda Venida. Su fuga terminó en un matrimonio precipitado y su padre, Adam Wilden, respondió tachando el nombre de su hija de la Biblia familiar en un ritual doméstico de excomunión.
La narración sigue después el desgaste de esa unión: los años de golpes y reconciliaciones presenciados por los dos hijos, la neumonía que doblega a Aaron y lo vuelve más manso pero no mejor, y finalmente la marcha de Mary, que abandona la casa igual que abandonó el bosque, sin explicaciones. El vacío que deja obliga a repartir a los niños. Aaron se queda con George —el varón, en quien reconoce su propio genio sombrío y a quien imagina como futuro campeón— y consiente en enviar a Jenny a Werewood.
Esa decisión abre el segundo movimiento del libro. Jem Wilden, el hermano minero que se marchó del bosque, vuelve a visitar a su padre para negociar el destino de la niña, y el reencuentro se convierte en un pulso silencioso entre el deber con la tierra heredada y la vida que uno se ha construido lejos de ella. El viejo Adam quiere un nieto que perpetúe el apellido; Jem, viudo y orgulloso de un hijo con ambiciones de libros y música, se resiste a enterrarlo en el valle, aunque el sabor de una ciruela madura basta para devolverle de golpe la infancia y la tentación. Del acuerdo sale Thirza, obligada a viajar al País Negro a recoger a una sobrina que considera marcada por el pecado de sus padres. Su travesía por ese paisaje de humo, pozos cegados y paredes apuntaladas —con la Biblia como salvoconducto y el miedo a que el Juicio Final la sorprenda en un vagón de tren— cierra el arranque con una nota de comedia áspera y anuncia el choque entre dos mundos que la novela se dispone a desarrollar.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.