En una pulpería estratégicamente ubicada en el cruce de caminos de la cordillera andina, dos antiguos clientes llegan dispuestos a jugar una partida de truco que decidirá sus destinos.
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En una pulpería estratégicamente ubicada en el cruce de caminos de la cordillera andina, dos antiguos clientes llegan dispuestos a jugar una partida de truco que decidirá sus destinos. Cardona y Pizarra apuestan lo que valía más que sus vidas: una mujer y el honor. Mientras la lluvia azota la región y rumores de guerra inquietan los ánimos, la tensión crece en el almacén regentado por la viuda Margarita y su hija Matilde. La hermosa india Quilpara observa con sus ojos penetrantes los movimientos de los hombres que sucumben ante el azar y la pasión desatada.
En una remota pulpería ubicada a dos leguas del cerro de las Osamentas, en el cruce de caminos que atraviesan la cordillera de los Andes, convergen historias de pasión, azar y destino. Esta encrucijada ha sido elegida como refugio estratégico para viajeros, contrabandistas, gauchos en fuga y agentes de la ley que negocian con los delincuentes. El almacén, regentado ahora por la viuda Margarita, una napolitana brava que llegó niña al país, y su hija Matilde, fue fundado por don Carlos María, cuya misteriosa muerte dejó un reguero de preguntas sin respuesta y sospechas de crimen. Es una mañana de fines de mayo, cuando las primeras nieves descienden de los montes, que llegan dos antiguos clientes: Cardona, un gaucho grande y torvo, y Pizarra, bajo y nervioso. Entre ellos crece una tensión que se materializa en una partida de truco que aparentemente decide más que fortunas: la apuesta es sus vidas y el derecho sobre una mujer. En el trasfondo de este enfrentamiento laten rivalidades profundas y secretos que pesan como el remordimiento. Mientras llueve a torrentes, irrumpe un teniente de caballería que trae noticias de la guerra que amenaza entre Chile, Bolivia y Perú. Su llegada interrumpe el juego y agita las conciencias de todos. La india Quilpara, descendiente de los araucanos, una muchacha de belleza misteriosa y ojos que no olvida quien los ve, circula entre los personajes portando tragos y observando cada movimiento. Ella lleva una pequeña cruz de plata que parece guardar un secreto. Matilde, la hija de la casa, brilla por su ausencia, ocupada en negocios de compra y venta de hacienda. Pero su figura flota sobre toda la acción como promesa y objeto de deseo. Cuando cae la noche sobre la cordillera, Cardona permanece derrotado, vigilante, acariciando su facón bajo el poncho. Pizarra, el ganador, duerme con cautela de quien sabe que la suerte es voluble y la venganza, una sombra siempre acechante.