Anne McNeill llega a una casa de convalecencia para descansar, acompañada de su hermano enfermo. La primera noche, sonidos misteriosos la despiertan. Desde su ventana distingue una mancha oscura entre los tulipanes del jardín.
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Anne McNeill llega a una casa de convalecencia para descansar, acompañada de su hermano enfermo. La primera noche, sonidos misteriosos la despiertan. Desde su ventana distingue una mancha oscura entre los tulipanes del jardín. Al investigar, descubre el cuerpo de un hombre que aparentemente cayó del tejado. Una joven llamada Jill Murray está junto al cadáver, implorándole que no avise a la policía. Comienza así una noche de intriga y secretos en la siniestra quinta de convalecencia.
Anne McNeill viaja a la quinta de convalecencia del doctor Burch en Connecticut acompañada de su hermano menor Bud, quien se recupera de paperas. Jeffrey, su esposo médico, ha insistido en que ambos necesitan descanso: ella, agotada por trabajos benéficos; él, para una convalecencia segura. Sin embargo, la mansión de ladrillo rojo construida hacia 1870 infunde una inquietud difícil de explicar.
La primera noche, Anne despierta alarmada por sonidos extraños. Había escuchado conversaciones tensas en el piso inferior, voces de hombre y mujer discutiendo acaloradamente, puertas cerrándose arriba. Intenta dormir, pero la angustia la mantiene despierta. Luego ve algo colgando ante su ventana: un jirón de tela moviéndose al viento, y en el suelo bajo los tulipanes, distingue una forma oscura.
Sin despertar a su hermano, Anne baja por las oscuras escaleras, atraviesa la puerta principal entreabierta y se abre camino entre macizos de lilas. En el jardín encuentra a Jill Murray, la joven atractiva conocida en la cena, arrodillada junto al cuerpo de un hombre. Es Alex, el entusiasta de las culturas azteca y maya, quien aparentemente se ha caído del tejado.
Jill le susurra que cree que está muerto. Anne confirma sus temores: el corazón ha cesado. Pero cuando menciona avisar al doctor Burch y al forense, Jill se alarma. Con la mano fría sobre el brazo de Anne, le implora que aguarde. Llamar al forense significa policía, investigaciones, preguntas incómodas. Y Jill está «en un apuro endemoniado».
Al amanecer de esa noche extraña, Anne se ve atrapada en un secreto que amenaza con oscurecer su estancia en la mansión.
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